Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 22 de enero de 2022

Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 22 de enero de 2022

22 enero, 2023 Desactivado Por Opinión Bajío

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Hoy es el domingo de la Palabra. El Papa Francisco nos invita que vivamos de un modo especial el tercer domingo del tiempo ordinario como el Domingo de la Palabra y nos propone para esta jornada el lema: “Les anunciamos lo que nosotros hemos visto” con la finalidad de convertirnos nosotros en roclamadores de la Buena Nueva. San Mateo nos acompaña en este ciclo litúrgico (A).

Es como un amigo que nos facilita el camino, que resalta algunos rasgos de Jesús para sortear las dificultades.

El punto que orienta la vida del cristiano es la presencia de la luz: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció”, proclama el profeta Isaías (8, 23-9, 3). Sí, Cristo viene a un mundo pecador, pero no para que siga sumido en las tinieblas sino para hacer resplandecer su luz.

Se encarna en el hombre, en su tiempo, en su cultura, en sus límites, pero no se deja aprisionar por ellos, sino abre nuevos cauces y derroteros donde el hombre encontrará luz y libertad. Si a esto añadimos la apertura que nos presentan los primeros versículos, tendremos que el gran sueño no se limita a las fronteras de Jerusalén sino que va mucho más allá hasta “la tierra de Zabulón y Nefatlí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos”.

No es un salvador mezquino que se encierra en un solo pueblo o en una sola raza, sino que abre alegre y bondadosamente su amor y su salvación a todos los pueblos.

La conversión del día a día

Cuando Jesús aparece, comienza a anunciar la buena nueva del reino de Dios… pero ya, un momento antes, ha proclamado: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. No son nuestros caminos, son los caminos de Dios. La conversión es requisito para recibir la buena nueva, abrir el corazón, estar dispuesto a encontrar nuevos caminos, a dejar la oscuridad, a mirar al otro como hermano, a cambiar la mente. Nadie puede decir que ya está convertido.

Es una actitud constante, a cada momento, cambiar el corazón. Qué lejos de los fariseos de aquel tiempo y actuales, que nos conformamos con predicar la palabra y nos quedamos tan tranquilos sumergidos en la oscuridad. La razón de la conversión es la cercanía del reino de los cielos o reino de Dios: esa nueva manera de vivir que irá apareciendo en las parábolas y enseñanzas de Jesús, un mundo nuevo donde todos participan de la fiesta y del alimento, donde todos tienen oportunidades, donde se habla de familia, de hermanos y de amor.

Es la gran enseñanza de Jesús: un reino nuevo de justicia, de amor, universal.

La construcción del reino no la hará Jesús solo, inmediatamente busca sus colaboradores: Pedro y Andrés; Santiago y Juan; tú y yo… A todos los que estén dispuestos a seguir su camino y escuchar su palabra. Ciertamente andamos “enredados” en mil negocios, pero ahí está la invitación entusiasta de Jesús para ir a construir su reino. Se requiere dejar nuestras redes y enredos, nuestros egoísmos y vacilaciones, para lanzarnos a seguir a Jesús.

Aparecen también en el Evangelio de hoy otros dos elementos para el camino: “para que se cumpliera la Palabra…” y “curando a la gente de toda enfermedad y dolencia”. A veces nos lanzamos ingenuamente a la aventura del reino sin escuchar la Palabra, sin meditar la Palabra. O bien, escuchamos la Palabra superficialmente y no la ponemos en práctica y no curamos a la gente de sus enfermedades y dolencias, y pasamos desentendidos a su lado.

Es apenas un esbozo lo que San Mateo nos presenta este breve párrafo, pero ya nos cuestiona fuertemente sobre las bases de nuestra vida, de nuestra actividad y de nuestra Iglesia.

La aceptación de una luz que rompe las estructuras de la oscuridad, una actitud siempre de conversión, la fidelidad a la Palabra, la actitud de seguimiento, la construcción de un reino universal donde todos seamos hermanos, la opción por los pobres, son las bases que nos pone San Mateo para lanzarnos en seguimiento de Jesús y construir su Iglesia ¿Cómo los estamos viviendo? ¿Son realmente los puntos centrales donde trazamos el camino de nuestra vida y de la vida eclesial?