Mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 27 de noviembre de 2022

Mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 27 de noviembre de 2022

27 noviembre, 2022 Desactivado Por Opinión Bajío

Reflexión del Evangelio

I Domingo de Adviento / 27 de noviembre de 2022

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Adviento es estar en vela, estar preparados y vigilar. Qué fácil caemos en la monotonía y la rutina y nos quedamos esperando un acontecimiento extraordinario que venga a sacarnos de nuestra modorra, pero somos ajenos al gran acontecimiento que Dios nos regala y permanecemos indiferentes a la verdadera historia de la salvación. Vivimos y trabajamos, pero somos apáticos ante la injusticia, el anhelo de paz, los dolores del mundo, la falta de solidaridad y el caminar juntos… Y adviento es vivir en esperanza y despertando esperanza.

Es “forjar arados de las espadas y podaderas de las lanzas”. Es construir en medio de la desesperanza pero con el corazón puesto en “Él que está por llegar”.

No nos engañemos: no estamos esperando esa navidad que se reduce a lucecitas y músicas celestiales; tampoco estamos esperando a que “el último día”, cual ladrón, nos caiga encima, agarrándonos desprevenidos y entre más tarde mejor.

No, eso no es el adviento. Ciertamente es tiempo de “espera”, pero esperar no significa sentarse pasivamente a que venga nuestro fatal destino, sino un activo “tender hacia”, moverse, procurar, hacer que llegue.

Hay quienes juran que no están dormidos solamente porque tienen una actividad febril y andan de un lado para otro. Pero caminan con los ojos vendados y en somnolencia. El ejemplo que pone Jesús es de lo más claro: comían y bebían, se casaban… pero no estaban despiertos ni atentos a la venida del Señor.

Hoy también la navidad puede ser un tiempo de inconsciencia y adormilamiento por más que andemos de pachanga en pachanga y de fiesta en fiesta. Jesús nos invita a ser reflexivos, a examinar concienzudamente la situación actual y a mirar si nuestra vida está preparando la venida del Señor.

Terrible se nos presenta la situación actual, y quizás tendremos la tentación del desaliento frente a los graves problemas que nos urge afrontar. Iluminador aparece el profeta Isaías proponiendo que de espadas forjemos arados, y de las lanzas podaderas.

Muy sabio su consejo y muy práctico a la hora de enfrentarnos a la vida. Hay quien de una dificultad sabe sacar un beneficio, de un accidente una enseñanza y de una crisis nuevos valores.

Hay quien reniega de todo: del frío, del calor, de la lluvia o de la sequía, sin darse cuenta que cada estación, cada lugar y cada circunstancia encierra un cúmulo de posibilidades. Hay quien reniega de su carácter sin darse cuenta que tiene un tesoro, que su energía puede impulsarlo a construir y no a destruir.

Dios tiene siempre un proyecto de salvación

Isaías nos da el tono fundamental del adviento con un lenguaje lleno de símbolos. El futuro, lugar de lo incierto, desconocido y que nos produce temor, es presentado como una visión gloriosa de la ciudad sobre el monte donde reina Dios, y a donde acuden todos los pueblos gozando de una paz idílica. El futuro pierde su angustia y, desde Dios, se convierte en esperanza. Esta es la llamada fundamental del adviento: llega Dios y el hombre liberado del miedo, tiene derecho a esperar.

Adviento es este tiempo de gracia donde podemos “soñar” con un mundo diferente, porque cuando Dios se acerca al hombre (o quizás deberíamos decir cuando el hombre deja que Dios se le acerque) todos los sueños son posibles. Quizás nos parezcan duras y amenazantes las palabras de Jesús, pero no se pueden leer fuera de todo el contexto de salvación y liberación que Él nos viene a traer.

Dios respeta nuestra libertad y puede entregarnos su reino solamente si nosotros lo acogemos abriéndole libremente la vida. Junto al respeto a nuestra libertad aparece un amor preocupado, un amor que vela cuando nosotros tendemos a descuidarnos: el aviso apremiante y la apariencia de amenaza son reclamos de amor.

Son la metáfora del terrible daño que podemos ocasionarnos si, en el descuido, la inconsciencia o la maldad, cerramos la puerta al Dios que viene a salvarnos.

Estar preparados, abrir los ojos, aguzar el oído, disponer el corazón para caminar hacia la luz del Señor. ¿Qué o quiénes hacen que estemos dormidos? ¿Qué obras de tinieblas nos impiden ver la luz? ¿Cómo debe ser el comportamiento de quien camina hacia la luz del Señor?.