Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 3 de abril de 2022

Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 3 de abril de 2022

3 abril, 2022 Desactivado Por Opinión Bajío
V Domingo de Cuaresma / 3 de abril de 2022

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

El Evangelio nos presenta a una mujer “sorprendida” en adulterio, a la que la ley manda apedrear. Los letrados y fariseos se la llevan a Jesús para ver cómo responde. Pero Jesús guarda silencio, omite la condena y vuelca en ella toda la misericordia de Dios, lo que hace que hasta los más viejos del lugar den un paso atrás y se retiren, dejando a la mujer sola con Jesús. “¿Ninguno te ha condenado? Tampoco yo te condeno”. ¿Qué ha pasado con esta escena? ¿No ha mirado Jesús el pecado que la mujer ha cometido? Jesús conoce bien lo que dice la ley sobre las mujeres sorprendidas en flagrante adulterio. Percibe también las torcidas intenciones de los escribas y fariseos que colocan ante él a la mujer adúltera.

En aquel momento, Jesús sintió una profunda compasión hacia la mujer adúltera y un profundo desprecio hacia sus hipócritas acusadores. Jesús no aprueba el adulterio, pero siente compasión y ama divinamente a aquella mujer adúltera; Jesús no reprueba a la ley, pero desprecia a las personas que quieren usar la ley con intenciones egoístas e hipócritas. Jesús condena el pecado de adulterio, pero ama y perdona a aquella mujer, a la que exhorta a no pecar más.

La mirada de Jesús y la mirada de los acusadores son muy distintas. Los escribas y fariseos “utilizan” a la mujer para ponerle una trampa a Jesús y también “utilizan” la ley para lograr sus propósitos. No son capaces de descubrir que hay una persona que sufre y es expuesta al escarnio, tampoco son capaces de reconocer que están manipulando y deformando la ley.

“Miran” a las personas sólo para utilizarlas, miran la ley, sólo para sacar provecho. Situación muy común entre nosotros: utilizar, manipular, engañar y poner trampas. ¡Qué diferente la mirada de Jesús de la mirada de los acusadores!

Jesús oye la acusación y se le van los ojos al suelo. No quiere mirar a los acusadores porque le duele el pecado no sólo de la mujer, sino que siente vergüenza ajena, al intuir la vida de pecado de los acusadores. Le indigna que se manipule la vergonzosa situación de una pobre mujer para condenarle a Él.

La mirada de Jesús es diferente no sólo entonces, también hoy Jesús siente vergüenza ajena, cuando nos oye hablar de “las mujeres de mala vida”, sin recriminar la fila de hombres que han ido comprando esos cuerpos como se compra un esclavo.

Jesús siente vergüenza ajena, cuando miramos con desprecio a una madre soltera, sin acordarnos del hombre irresponsable que ha abandonado a su hijo.

El que esté limpio arroje la primera piedra

Jesús se indigna cuando manipulamos la ley de Dios, y las leyes de los hombres, para denigrar, para condenar sin tomar en cuenta los derechos de cada hijo, hija, de Dios. La mirada de Jesús es al mismo tiempo limpia y transparente, pero exigente y provocadora, desnuda al hipócrita y hacer aparecer la verdad. “El que esté limpio de pecado que tire la primera piedra”.

Así Jesús se mueve en dos campos: la solución de la trampa y el perdón de la mujer. Se sitúa con claridad frente a la realidad del pecado y se manifiesta como aquel que al mismo tiempo lo desenmascara y libera de él.

Qué cómodo es juzgar a las personas desde criterios seguros. Qué injusto y fácil es apelar a la ley para condenar a tantas personas marginadas o incapaces de vivir integradas a nuestra sociedad. Cuando Jesús mira a la mujer no la condena, sino que la levanta. Así es Jesús: mira y restaura.

La visión imaginaria de la mujer aplastada por las piedras queda sustituida por la misma mujer que se va, libre, hacia un porvenir que le ha abierto Jesús.

Para los acusadores también es una oportunidad de salvación. Para la mujer es un paso real de la muerte a la vida, como debe ser la conversión de cada uno de nosotros.

Lo que la mujer adúltera necesitaba no eran piedras, sino un corazón misericordioso y una mano amiga que le ayudara a levantarse.

Cuaresma es acogerse a la misericordia de Jesús que no vino a condenar sino a salvar, que no nos entrega a la muerte si no que nos otorga nueva vida y liberación, rescatándonos del pecado.