Mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 6 de marzo de 2022

Mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 6 de marzo de 2022

6 marzo, 2022 Desactivado Por Opinión Bajío

I Domingo de Cuaresma / 6 de marzo 2022

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

San Lucas nos narra las tentaciones de Jesús y en ellas refleja su lucha interior de frente a su misión, pero al mismo tiempo surge espontánea la pregunta sobre lo que de verdad cuenta en la vida de los hombres. Aparece muy claro el centro de toda tentación: quitar a Dios que, ante todo aquello que aparece como urgente en la vida, queda como en un lugar secundario, quizás hasta superfluo o fastidioso.

Poner orden en el mundo por cuenta nuestra, sin Dios, confiarse sólo a las propias capacidades, reconocer como verdaderas y valiosas sólo las realidades políticas, materiales y económicas, y dejar a Dios a un lado, son las tentaciones que nos amenazan actualmente en múltiples formas.

Las tentaciones que el demonio, el mentiroso, pone a Jesús son las mismas que cada día se nos van presentando a cada uno de nosotros. No es difícil descubrir la tentación de abandonar al Señor. ¿Por qué creer en un Dios que nunca hemos visto? ¿No es más fácil doblegarnos ante esos otros “diosecillos” que el mundo presenta atractivos a través de su propaganda: ¿el poder, el dinero o el placer?

O quizás prefiramos permanecer en la superficialidad y conformarnos con atragantarnos de pan cada día, de calmar nuestra hambre de Dios con migajas que sólo disimulan el hambre. ¿A qué le damos más importancia nosotros: a las piedras de cada día o a la fuerza que nos infunde Dios cada jornada? ¿Qué permanecerá el día de mañana, las grandes ciudades que edificamos los humanos, o la gran patria celestial que Cristo nos adelanta en su Evangelio?

“No tendrás otros dioses”

Pero la más grande de todas las tentaciones es la tentación de la idolatría. Tentación de hacernos un dios a nuestra imagen y semejanza. Tentación de crearnos unas leyes que se acomoden a nuestros criterios, tentación de manipular a Dios en beneficio de nuestros caprichos. Y así llegamos a cobijar en nuestro corazón, en nuestras familias y en nuestras actitudes, otros dioses que nos exigen ausencia de ética y de moral, vacío de fe o de total renuncia a nuestras convicciones religiosas.

¿Qué dioses habitan en nuestro corazón? ¿Qué tenemos colgado en las paredes de nuestras casas? ¿Cruces o simples cuadros? ¿Referencias a Dios o ídolos de la canción sugeridos por la moda? ¿Qué referencia tenemos de Dios en nuestros planes, en nuestras luchas sindicales, en nuestras ambiciones laborales?

Cuaresma es un tiempo especial, de alejarnos al desierto, de mirar hacia nuestro interior y descubrir los más íntimos deseos. Es tiempo de desnudarse de toda apariencia y preguntarnos frente al Señor cuántas veces y por qué hemos caído. No es tiempo de juzgar a los demás. Es tiempo de reflexión y de enmienda. Tiempo de justicia, de verdad, de liberación. Cada uno llevamos nuestras propias caídas y nuestras propias heridas, es tiempo de levantarse y sanar las heridas.

Es tiempo de acogerse a la misericordia del Padre y sentir su amor infinito que nos llama. Es tiempo de revisar cuántos desencuentros, cuántas infidelidades, cuántas injusticias. Pero, al revisarlas, corregirlas; es la Cuaresma tiempo de conversión, y conversión significa caminar, reiniciar el camino de vuelta al Padre. El mirar a Cristo en sus tentaciones, es oportunidad para que sepamos mirar la vida, y mirarnos en la vida.

Su retiro al desierto nos invita a que apaguemos los ruidos que aturden y ensordecen, nos pide que acallemos las voces que esconden la voz de Dios, que nos olvidemos de escuchar cantos de sirenas que nos hablan de la felicidad de comprar, de poseer o del poder abusivo, y que volvamos a oír la voz del amor, la voz que se grita en el silencio y el desierto. Para eso existe la Cuaresma, para dejarnos seducir por Dios en el desierto, para volver a las fuentes, para volver a la fidelidad primera. Para sentir la reconciliación de los enamorados. Eso es la Cuaresma: volver a quien está enamorado de nosotros.

¿Cómo vamos a vivir esta Cuaresma? ¿Cuáles son nuestras tentaciones? ¿Cómo podemos levantarnos? ¿Cómo vamos a volver al Padre y cómo nos vamos a reencontrar con los hermanos?