Mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 20 de febrero de 2022

Mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 20 de febrero de 2022

20 febrero, 2022 Desactivado Por Opinión Bajío

VII Domingo Ordinario / 20 de febrero 2022

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

El mundo judío tenía una máxima que ahora nos parece brutal, pero que en un ambiente donde el más poderoso es el que manda, fue logrando dar un avance en la legislación: “Ojo por ojo y diente por diente” Así, se rompía esa cadena de injusticia donde el más poderoso no tenía castigo. Era una ley dada para proteger al más débil y quería terminar con los abusos, los robos y las injusticias.

Claro que el pueblo de Israel ya conocía el mandato del amor. En los Libros Sagrados se dice: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas… no serás vengativo ni guardarás rencor a tus conciudadanos y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Pero esta ley se fue quedando en la práctica condicionada por la famosa ley del Talión del “ojo por ojo y diente por diente”.

Hoy Jesús propone otro camino. El reino de Dios no puede estar basado en la venganza, ni siquiera en la venganza limitada, sino en el principio del amor y el perdón. El amor a los enemigos es fundamento importantísimo en la propuesta de Jesús.

Y es cierto, la venganza y el odio no son diques que frenen la violencia; si no la frena el amor, no la podremos frenar jamás.

A Jesús, se le han unido grandes hombres y reformadores, anunciando con su vida y con sus obras que puede más el amor que el odio. Gandi, Martín Luther King, y tantos hombres y mujeres que han sido capaces de enfrentar con dignidad, con valentía, pero sin violencia, a los que cometen injusticias.

Un segundo principio nos ofrece Cristo: “al que te golpee en una mejilla preséntale también la otra. Al que te arrebate el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames”. Estas propuestas de Jesús nos parecen hasta ingenuas y motivo de abusos de los poderosos. Pero tengamos en cuenta lo que acaba de decir en las bienaventuranzas. 

Se trata de ser mansos, pero no “mensos”. Jesús no intenta reducirnos a la pasividad, al conformismo o a la resignación. No se trata de renunciar a nuestros derechos ni de callarnos frente a las injusticias, sino de renunciar a la violencia como medio absoluto para resolver las diferencias y los conflictos, también, renunciar a nuestras comodidades o a nuestras prendas más preciadas para darlas a los que más las necesitan.

Siempre misericordiosos

El tercer principio que Jesús nos presenta va todavía más allá: es el anuncio de un amor que enseña a buscar al otro sólo porque es el otro, prescindiendo del hecho que nos quiera o nos deteste, nos haga el bien o nos haga el mal: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso… y serán hijos del Altísimo, porque Él es bueno hasta con los malos y los ingratos”. La misericordia se nos presenta como un elemento constitutivo del ser cristiano, por que lo es también de Dios.

Si miramos nuestro mundo, nuestra familia, nuestros ambientes debemos preguntarnos qué estamos haciendo realmente para acabar con la violencia y con el odio. ¿Nos hemos preguntado alguna vez cuán misericordiosos somos? Muchas veces confundimos la misericordia o la compasión con la lástima y eso no es cristiano, porque el que tiene lástima inconscientemente se presenta como superior al otro; en cambio el que tiene misericordia establece una relación de hermanos para encontrar juntos el camino del Señor.

Ser misericordioso es “poner el corazón” junto al corazón del otro. ¿Podremos hacerlo con aquellos que odiamos, especialmente cuando son cercanos a nosotros? Es mucho más que perdonar, es “amar al enemigo” lo que Jesús nos propone.

Así lo propone Jesús en este pasaje: “Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes… Porque con la misma medida con que midan, serán medidos” Y es realmente una cuestión muy práctica. ¿Me gusta que me saluden, que me tomen en cuenta, que respeten mis derechos? Entonces debo yo a empezar a hacerlo con los demás. ¿Me gustaría encontrar el verdadero perdón y poder seguir siendo hermanos de los demás? Entonces yo debo otorgar el perdón y amar “incluso a los enemigos”.