Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 6 de febrero de 2022

Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 6 de febrero de 2022

6 febrero, 2022 Desactivado Por Opinión Bajío

No hace falta ser santo o perfecto para colaborar con Dios

V Domingo Ordinario / 6 de febrero 2022

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Las tres lecturas de este día nos hablan de llamada, de vocación, de invitación a la construcción de un mundo nuevo. Y las tres remarcan que toda llamada de Dios es gratuita, es un don que Dios ha dado sin merecimiento nuestro: a Isaías le llama para que sea el cantor de su misericordia, su justicia y su gloria; a Pablo lo sorprende enviándolo a llevar el Evangelio por nuevos rumbos nunca imaginados; y a Pedro le cambia el rumbo de su barca y lo convierte en pescador de hombres. Grandes misiones sin duda alguna, grandes proyectos para cada uno de ellos, como grande es la misión que, a cada uno de nosotros, nos confía.

¿Qué misión nos ha encomendado Dios, para qué nos ha dado la vida, cuál es nuestra vocación? Porque Dios a cada uno de nosotros nos llama por nuestro propio nombre, nos ha dado una misión concreta y determinada. Todos y cada uno de nosotros debemos ser cantores de la misericordia, de la justicia y de la gloria de Dios, predicadores de su Evangelio, pescadores de hombres. Debemos hacerlo con nuestra palabra y, sobre todo, con nuestra vida.

Pero el día de hoy me ha impresionado el gran contraste que remarcan cada una de las lecturas: queda manifiesta la maravillosa gloria de Dios frente a la impureza de Isaías; frente a Pablo que se considera como un aborto, el último de los apóstoles e indigno de la misión, resplandece la gracia de Dios; y ante el pecado e indignidad reconocida de Pedro, aparece la confianza de Jesús para darle un nuevo cargo. Como si fuera indispensable reconocer la propia pequeñez, miseria y pobreza para arriesgarse en la nueva misión.

La misión del discípulo consiste en confiarse plenamente a la misericordia de Dios: Él es el gran protagonista. Fiarse de Dios es trabajar sin descanso, buscando siempre el bien y la justicia, no desanimándonos ante los momentáneos o constantes fracasos que tengamos. La vida muchas veces es dura e injusta; no siempre el que más siembra es el que más recoge.

Pero el discípulo no debe desanimarse nunca, no debe nunca tirar la toalla; en nombre de Dios debe siempre seguir echando las redes de su trabajo y de su esfuerzo. Es como si Dios necesitara de nuestra debilidad para realizar su misión.

Al final Dios va a llenarnos las redes y tendremos lo suficiente para nosotros mismos y aún nos sobrará algo para dar y compartir con los demás. Sólo reconociéndonos débiles podremos confiar en su fuerza y decir como Pablo: “Por la gracia de Dios, soy lo que soy”.

Humanidad sobre la cuerda floja

Nunca como ahora la humanidad se encuentra en la cuerda floja. Da la impresión que basta un pequeño detonante para que todo se venga abajo y, lo más triste, se percibe un sentimiento de impotencia y pesimismo que induce a la indiferencia y al fatalismo.

Ante los fracasos de las propuestas económicas y sociales, no se encuentran caminos que ayuden a construir un mundo mejor. Cristo hoy propone un nuevo punto de partida: las personas. No partir del dinero, ni del poder, ni de la ambición, sino partir de lo esencial: el valor y la dignidad de las personas y de la comunidad. Ser pescador de hombres hoy, significa participar en todas las empresas que quieren evitar su perdición y destrucción. Ser pescador de hombres compromete en la búsqueda de una mayor igualdad, de una paz más estable, de un cambio total de los valores que mueven la sociedad.

Ser pescador de hombres es construir con los pequeños un nuevo mundo. Jamás podremos decirnos discípulos de Jesús si permanecemos fuera o indiferentes ante estos movimientos de salvación y liberación. No seremos sus seguidores, si nos contentamos con trabajar un poco por las mañanas.

Necesitamos fatigarnos toda la noche y, después de haber fracasado una y otra vez, tener Sí, también hoy nosotros como Pedro necesitamos sacudirnos nuestras ataduras y lanzar nuevamente nuestra red “confiando sólo en su palabra”.

¿Cuál será nuestra vocación en este momento de crisis? ¿Cómo mostrar coraje y valor frente a los problemas actuales confiando no en nuestras fuerzas sino en la Palabra de Jesús? ¿Qué te dice Jesús en el momento actual?