Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 16 de enero de 2022

Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 16 de enero de 2022

16 enero, 2022 Desactivado Por Opinión Bajío

Jesús inaugura la religión de la vida y de la alegría

A Jesús le gusta comparar la vida con un banquete y San Juan inicia presentándonos a Jesús, su madre y sus discípulos en una boda. Es un signo fundamental que explica en lo cotidiano la presencia del reino en medio de la historia. Las fiestas de nuestros pueblos, esas fiestas sin etiquetas ni exclusivismos son la mejor imagen y señal de esa otra “fiesta” y “banquete” al que estamos llamados a participar todos. Ahí, en el anonimato aparente, como uno más del pueblo, participa Jesús con su madre y sus discípulos.

Pero en lo mejor de la fiesta, se termina el vino y nadie parece darse cuenta. Quizás San Juan nos esté diciendo que en el pueblo de Israel y en nuestro mundo falta lo más importante, lo descuidamos y no hacemos caso de ello. También en nuestros días, escasea el vino de la comprensión, del amor y de la ayuda mutua. También en nuestras familias se ha perdido muchas veces lo esencial de la comunicación, del diálogo y del amor.

Nos olvidamos que estamos llamados a participar en un banquete en compañía de todos y nos dejamos ilusionar por un sistema que nos obliga a la competencia feroz y a la lucha egoísta, privándonos de lo más importante que es el amor y la fraternidad entre todos.

San Juan quiere resaltar en este “milagro” de las bodas de Caná que Jesús es el auténtico vino nuevo, el vino del reino, el vino de la Nueva Alianza, en contraposición al vino rancio de la Alianza Antigua. En este primer signo Jesús deja claro que Él es el comienzo de un tiempo nuevo y que alcanzará su momento final cuando, en el Calvario, sea derramada su sangre, sangre de una Nueva y Eterna Alianza.

La sangre de Cristo tiene, ante el Padre, un valor infinito, infinitamente superior a la sangre de los toros y machos cabríos que se derramaba en los sacrificios de la Antigua Alianza. Sí, Jesús es el vino nuevo, el vino del reino, el vino de una Nueva y Eterna Alianza. En el ambiente de boda, de novia, de fiestas, Jesús aparece como el vino prometido durante siglos.

El Señor no nos deja languidecer

Hay otro signo: la novia. Con la ayuda de Isaías, descubrimos que el amor de los novios puede ser no solamente de una pareja que inicia una nueva vida, sino del loco amor con el que Dios se deshace en desvelos y cuidados por su pueblo y que el pueblo no es capaz de corresponder. Abandonada, Desolada, con estos nombres llama Isaías a la Tierra Prometida y malograda por los hombres.

Tan grande ha sido la infidelidad del pueblo amado, que esa situación calamitosa viene a dar nombre propio a la tierra de Israel: Abandonada… Desolada. Era el estado doloroso del pueblo después de haberse olvidado de Dios. Momentos de angustia, momentos de tristeza infinita. Los hombres se alejan por el pecado de su Creador, y al estar lejos se sumergen en un mar de lágrimas, en un mundo oscuro y gris.

Una historia de amor, donde falla la novia. Es la historia de un pueblo, pero también la historia personal. Sin embargo, ahora con la presencia de Jesús, “el Novio”, todo adquiere nuevo sentido. Amor de juventud, primer amor, eso es el amor divino por su pueblo, según dice Isaías: “Como un joven se desposa con su novia…”. El despertar de los sentidos al amor, ese sentimiento tan hondo, tan humano y tan divino.

Son muchos los símbolos que en este pasaje nos ofrece San Juan. Contemplemos este primer milagro de Jesús con asombro y preguntémonos si a nosotros no se nos ha escapado la alegría y el sentido de la vida; si no estamos perdiendo la capacidad de compartir.  También nosotros necesitaremos llenar nuestras vasijas agrietadas del agua de nuestro esfuerzo y de nuestra fe, para que Jesús los transforme en vino de alegría, de vida y de generosidad.

Contemplemos el loco amor de Dios por su pueblo y descubramos a Jesús como el “Novio”, como el vino de amor, que da plenitud y alegría a nuestra fiesta.  Escuchemos a María que nos dice: “Hagan todo lo que Él les diga”.