Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 12 de septiembre de 2021

Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 12 de septiembre de 2021

12 septiembre, 2021 Desactivado Por Opinión Bajío

Domingo XXIV Ordinario / 12 de septiembre 2021

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Jesús y sus discípulos van de camino y ahí, caminando, es donde se presentan los problemas y las crisis, donde se cuestionan sobre la meta, donde se revisa el camino andado. Nos encontramos a la mitad del Evangelio de San Marcos… Jesús ha realizado prodigios en pro de la vida y del pueblo oprimido.

Ha liberado a enfermos y endemoniados, ha restituido dignidad y valor a los marginados. Ha denunciado las actitudes hipócritas y serviles de los escribas y fariseos. Ha anunciado por todo Galilea y más allá de las fronteras, su Buena Nueva y llega el momento de preguntarse ¿Qué se ha logrado?

Parece poca cosa: la ceguera de los fariseos, la alabanza del pueblo sencillo que busca respuestas inmediatas a sus necesidades, los intereses de sus discípulos, el escándalo y el alejamiento de su familia. ¿Es el camino que quiere Jesús?

Entonces viene la pregunta a los cercanos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”, y las respuestas no se dejan esperar. Y viene la comparación con los personajes más importantes que sostienen el ideal del judío, y se esperaría que Cristo estuviera muy contento con estas respuestas, pero lejos de esto insiste con otra pregunta más incisiva e ineludible: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”.

No es una pregunta accidental o sin importancia, sino la pregunta fundamental en la vida que hoy mismo nos hace Jesús a cada uno de nosotros.

Ciertamente hay una admiración por Cristo como líder, como hombre, como persona, como fundador de una religión, como el gran maestro. Hay millones que se dicen sus seguidores y que en una u otra forma están bautizados y se reconocen cristianos. Pero ¿esto es lo importante para Cristo?

También que hay quienes lo atacan y buscan enlodar su nombre, hay quienes quisieran destruirlo y se empeñan en ensuciar su imagen, para otros es un nombre más que pasa ignorado… pero Cristo sigue insistiendo en su pregunta: “y tú, ¿quién dices que soy yo?”

No espera confesiones ni monumentos, no pregunta si llevas una medalla en el pecho o si tienes una bella imagen en tu cuarto, va más al fondo, a tu interior y pregunta por tu vida. No por tus palabras, con tu vida quién dices que soy yo.

Dando “consejos” Jesús

Al igual que Pedro, nosotros ahora le daríamos algunos consejos muy prácticos a Jesús sobre su forma de ser Mesías porque nos parece absurda su propuesta en un mundo moderno. Le diríamos que tiene que adaptarse, que tiene que renovar sus esquemas.

Que no es posible seguir soñando con un mundo donde todos sean hermanos, que hay sus diferencias y debemos aceptarlas, que el sacrificio y la lucha por los pequeños y los pobres no lleva al triunfo, que los grandes éxitos se logran de otra forma… y Jesús nuevamente nos diría que esos no son sus caminos, sino los caminos de los hombres. Por eso, aunque corre el riesgo de quedarse solo, replantea con toda claridad su propuesta: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”.

Es la misma propuesta que Jesús nos hace a nosotros. No hay otra forma de ser su discípulo que tomar su cruz. Con Él podremos encontrar caminos que nos den vida, paz y armonía, pero debemos seguir sus criterios y vivir su Evangelio.

No son superficialidades, no es una religión para vestirse, no son apariencias, es una entrega completa y definitiva a su Evangelio. Es tocar con su palabra todos los aspectos de nuestra vida, es abrir los oídos y el corazón y dejarse invadir por sus criterios.

No se puede dejar a un lado la pregunta de Jesús. Hoy tenemos que tener una actitud de escucha. Debo empaparme de lo que Jesús me dice. Rumiarlo y asumirlo en todos los momentos de mi vida, aun en los más triviales o en los más importantes.

Hoy necesito hablar con toda honestidad con Jesús sobre mis sentimientos, mis deseos y preguntarle si no son erróneos, si no es una forma de pensar a estilo de los hombres. Hoy necesito confrontar mi vida con el Evangelio y hacerme preguntas en serio: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Hasta dónde estoy dispuesto a seguirlo? ¿Vale la pena vivir la vida como lo estoy haciendo?