La Voz del Pastor, mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 9 de mayo de 2021

La Voz del Pastor, mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 9 de mayo de 2021

9 mayo, 2021 Desactivado Por Opinión Bajío

El amor de entrega, fuente de alegría y felicidad

La Voz del Pastor

Obispo de Irapuato Enrique Díaz

9 de mayo de 2021

En continuación con el pasaje de la vid que reflexionábamos el domingo pasado, hoy Jesús nos ayuda a profundizar y ampliar todo el significado de la parábola. Mentalmente contemplo las ramas de una vid y me imagino toda la vida y dinamismo que llevan por dentro.

Un incesante movimiento desde el tronco hasta la última ramita y viceversa. Y sin embargo parece que no pasa nada, no hay escándalo, no hay ruido, pero sí una actividad que da mucha vida.

Es el ejemplo más bello para el verdadero discípulo de Jesús: recibir su vida, fortalecerse, llenarse de ella y siempre continuar transmitiéndola. Frente a los hermanos se adopta una bella actitud: dar y recibir al igual que se hace de Jesús. ¿Cómo es mi permanecer con Jesús? ¿Un estático y cómodo situarme en la Iglesia, en la sociedad y en la comunidad? ¿Recibo y doy vida?

Pero si ya esta idea bastaría para un fuerte compromiso, Jesús amplía mucho más nuestro horizonte y nos lanza en una nueva perspectiva: el amor. Pero, ¿qué es el amor? En días de devaluación de muchas cosas, hay una que sobresale por su gran caída y confusión: el amor.

Está tan devaluado que a cualquier cosa se le llama amor, aunque no tenga nada que ver con un verdadero amor: al sexo, al compañerismo, a la atracción, al placer, a la necesidad, etc. Jesús nos enseña lo que es el verdadero amor: “dar la vida por sus amigos”. No es solamente el sentirse a gusto, que en un momento pasa; no es la atracción, que puede convertirse en hastío; no es la necesidad de alguien o el miedo a la soledad. Es buscar la felicidad del otro.

Y Jesús se pone como modelo de amor: “ámense como yo los he amado” y nos ha amado cuando aún no lo conocíamos, y nos ha amado cuando vivíamos en pecado y nos ha amado a pesar de nuestras traiciones e infidelidades.

No es el amor condicionado de padres y novios: “Si de veras me quieres, tienes que hacer mi capricho…” o “Si no haces lo que yo digo, ya no te quiero…” No, es amar a la otra persona y buscar su felicidad. Si de verdad amáramos, no se terminarían tantas amistades por un simple enojo; no se dividirían las familias… no se divorciarían tan fácil las parejas tan sólo porque no es el otro como ellos esperaban. El verdadero amor va mucho más allá y Jesús nos enseña todo el valor que tiene.

Experiencia de sentirse amados

Las palabras que hoy escuchamos de Jesús son de fuerte inspiración y nos explican toda su actividad, sus palabras, su abajamiento, su cruz y su resurrección: “Como el Padre me ama, así los amo yo”. Este texto nos devela el secreto y motivo último que ha impulsado y guiado toda su vida. Es como un gran circuito que comienza con el amor del Padre, que continúa con el mismo Jesús, nos abraza a nosotros con su amor, nos impulsa a amarnos los unos a los otros y nuevamente nos impulsa al ámbito amoroso del Padre.

Es mucho más que mandamiento, es la experiencia de sentirse amado y no poder ahogar dentro de nosotros mismos esa fuerza que inspira y da el mismo Jesús. Muy lejos de los amores egoístas e interesados en que nos movemos ordinariamente los humanos.

Dos últimas características de este amor de Jesús: nos lleva a una alegría plena y nos ha elegido gratuitamente. Quizás los cristianos hemos pensado muy poco en la alegría de Jesús, pero es una de las señales de su presencia en nosotros. La alegría es la sonrisa de Dios en nuestras vidas.

Es muy triste que a veces se identifique a cristianos con rostros marchitos, personas aburridas y aguafiestas. El cristiano debe tener la mayor alegría en su corazón al reconocerse amado por Jesús. Pero este amor, no es en base a sus propios méritos, Jesús nos lo regala gratuitamente y Él nos ha elegido a nosotros.

Somos sus preferidos. Por eso la extensión de ese amor debería nacer espontánea: el amor a los hermanos. Y no el amor color de rosa, sino el amor del compromiso y de la entrega, el amor fiel.