“Candidatos veleta”, mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 25 de abril de 2021

“Candidatos veleta”, mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 25 de abril de 2021

25 abril, 2021 Desactivado Por Opinión Bajío

Domingo IV de Pascua 25 de abril 2021

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Fuertes, muy fuertes, las expresiones y exigencias del Papa Francisco que a todos nos cuestionan. “Olor a oveja” ha dicho una y otra vez. A muchos, primeramente, les pareció romántica la expresión. Pero poco a poco ha ido calando cada vez más profundo.

No es muy agradable el olor de las ovejas, lo saben los campesinos y lo saben quienes tienen que convivir y compartir con los pastores. El sudor de muchos días, el calor y el frío que se alternan sin pronóstico; la permanencia obligada, terca y constante cerca de las ovejas, hace que se tenga “el olor a chivo”, como dicen en mi pueblo.

Nada romántico, pestilente, agresivo… pero el pastor no se da cuenta porque se ha asimilado a las ovejas. En cambio, es casi inaguantable para los que lo tienen que soportar.

Quizás por eso algunos hayan sugerido que el pastor debería tener “olor a Cristo”, más que olor a las ovejas. Pero el Papa “no  quita el dedo del reglón” y sigue insistiendo pastores con olor a ovejas…

Jesús utiliza una figura muy bella para su tiempo, ¡muy lejana para nuestros tiempos! Y sin embargo la realidad es la misma y no estamos lejos de poder comprenderla, aunque no la hayamos experimentado.

La Biblia está llena de expresiones que se refieren a Dios como el Pastor en oposición a los reyes y gobernantes que con frecuencia se les considera malos pastores que solamente se aprovechan del rebaño.

Es difícil la figura que nos presenta Jesús porque normalmente vemos todo con signo de pesos. Si se tiene una gallinita o una vaca o un borreguito, se le tasa por el dinero que se puede obtener de ellos.

Pero precisamente a esta actitud se opone Jesús cuando nos presenta esta figura. No nos gusta la comparación que se hace de las multitudes refiriéndose a ellas como “borregos”, aduciendo despersonalización y acarreo por parte de líderes irresponsables sobre personas muy manipulables. Muy lejos está Jesús de estas intenciones. Precisamente nos presenta lo contrario.

Y al ponerse Él como el buen pastor, nos obliga a reflexionar a todos nosotros: autoridades, padres de familia, gobernadores, maestros y todos los que tienen alguna responsabilidad sobre personas; y nos cuestiona sobre el modo como realizamos nuestra labor de “pastoreo”.

Jesús, cuida y da la vida por los demás

En este momento en que ya se han iniciado los procesos electorales también es un buen parámetro sobre cuál sería el perfil de un buen candidato.

El conocimiento de una persona es básico para amarla. Nos desconciertan los candidatos que hoy aparecen por un lugar y a los pocos días ya están en otro diciéndoles que aman entrañablemente a ese pueblo, cuando parecen más bien veletas que se dirigen a donde las lleva el viento.

Conocimiento de la región, de las personas, de sus cualidades y defectos, de sus necesidades y oportunidades, es básico para un buen pastor. Si no, hoy estarán en un lado y mañana en otro.

También es examen para los papás y maestros: necesitan conocer a sus hijos y a sus alumnos, sólo así podrán educarlos y ayudarlos. Cristo nos conoce porque se ha hecho uno de nosotros, porque comparte, porque sufre con nosotros.

Es modelo de acercamiento y acompañamiento. Tenemos la seguridad de que está con nosotros.

Jesús es el buen pastor porque da la vida por sus ovejas, es lo que escuchamos hoy hasta tres veces. Frente a Él se sitúan los mercenarios, los asalariados, los explotadores, todos ellos pastores sin vocación. No buscan la vida de la oveja, sino aprovecharse de ella, no buscan el bien de la comunidad sino servirse de ella.

Hoy esperamos oír la voz de Jesús y seguir el buen camino que nos guíe a pastos suculentos. Sentiremos sus silbos amorosos que nos llaman a formar un solo redil, no tanto refiriéndose a un lugar muy especial, sino al amor revelado en Jesús y proclamado por su palabra.

Como oveja, ¿cómo escucho su voz, ¿cómo busco la unidad, ¿cómo recibo la vida? Como pastor ¿conozco y doy vida a quienes dependen de mis cuidados? ¿Reconocen ellos mi voz porque he estado cerca y compartiendo con ellos? Hoy sería un buen examen tanto para ovejas como para pastores.