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Acelerar regreso a clases presenciales, muy peligroso, advierte Movimiento Antorchista

José Juan Ramírez

Opinión Bajío.- El líder nacional del Movimiento Antorchista, Aquiles Córdova Morán, advirtió que acelerar el regreso a clases presenciales sin que estén vacunados maestros y estudiantes, es peligroso y puede generar un aumento en los contagios y muertes por el coronavirus.

En su mensaje nacional “¿Cual es el peligro real del regreso a clases?”, el representante Antorchista mencionó que hay quienes están manejando el argumento de “daños a estudiantes y a la economía”, pero lamentó que detrás de algunos de dichas afirmaciones, haya intereses meramente económicos.

Indicó que hay una campaña mediática, que busca a toda costa la rápida normalización de la actividad económica y de la reapertura de escuelas y universidades, sin importar si esto puede acarrear más muertes por el coronavirus.

“Se busca convencernos de que, si no queremos sufrir las consecuencias de un colapso económico universal y de una catástrofe educativa, debemos aceptar que obreros y jóvenes de ambos sexos regresen de inmediato a las fábricas y a las escuelas aun a riesgo de contagiarse y morir por Covid-19. Respecto a los niños y jóvenes, la campaña pone énfasis en el daño psicológico que les está provocando el encierro y el alejamiento de sus compañeros, amigos y maestros. Se habla de decaimiento general, de pérdida de interés en el estudio, de falta de atención y concentración y, en los casos más graves, de depresión y tendencias suicidas”.

“Estos argumentos parecen bien fundados y bien intencionados a primera vista, pero no debemos olvidar que hay países que han logrado mantener en funcionamiento su aparato productivo y hace rato que reabrieron sus instituciones educativas sin necesidad de poner en riesgo la vida de sus trabajadores y de sus jóvenes… Sobre los daños psicológicos a niños y jóvenes que maneja la campaña en marcha, hay que decir que no son nuevos; han existido siempre y nadie ha probado, mediante estudios rigurosos, que hayan sufrido un incremento peligroso a raíz de la pandemia. Reconocidos especialistas críticos sostienen que tales argumentos, aunque ciertos en sí mismos, están intencionalmente exagerados en número y gravedad para obligar a padres y madres a arriesgar la vida de sus hijos a cambio de su salud mental y de una supuesta educación de calidad.

Córdova Morán señaló que no está a discusión si los niños y jóvenes deben ser rescatados de la inactividad intelectual, de la pésima educación “virtual”, del daño psicológico, anímico y relacional que les pueda causar la ausencia de sus maestros, amigos y compañeros, sino que la duda radica en si en verdad no hay otro camino que exponerlos al contagio y a la muerte a cambio del retorno a la vida normal a que tienen derecho.

“Y la respuesta contundente es: NO, no es el único camino. Por principio de cuentas, nunca habríamos llegado a esta disyuntiva mortal si el Gobierno hubiese adoptado desde un principio la estrategia seria y responsable de China, Japón o Corea del Sur; pero ya que estamos en la encrucijada, el Gobierno está obligado a vacunar a todos los niños y jóvenes antes de decretar el regreso a clases; a remozar todos los planteles, patios de recreo y aulas; a garantizar el control del estado de salud de cada estudiante antes de ingresar a la escuela y las medidas de seguridad e higiene básicas para alumnos y maestros”.

“Hoy, nadie está en condiciones de garantizar que todo eso existe o que estará disponible a tiempo. Hay cifras de sobra para documentar que la deserción escolar en México es catastrófica; que la educación virtual es pésima en general y que en muchos lugares es imposible por falta de los dispositivos electrónicos necesarios o por insuficiencia económica de la familia; las madres solteras con hijos sufren doble daño, la falta de educación de sus hijos y las dificultades para salir a ganar el sustento”.

“Aprovechándose de todo esto, el presidente López Obrador y su secretaria de Educación Pública ya anunciaron que en poco tiempo se reanudarán las clases presenciales, pero nada dijeron de la seguridad de alumnos y profesores. Y el peligro es real: durante el tiempo que lleva la pandemia, casi 50 mil niños y adolescentes se han contagiado de la Covid-19, y la evidencia empírica muestra que la convivencia escolar eleva los contagios hasta en un 40%.

Además, aunque jóvenes y niños parecen curarse fácilmente, pueden tener secuelas duraderas y graves, por ejemplo, un daño permanente en los vasos sanguíneos que podría provocarles un infarto cardíaco mortal a los 30 años, según el especialista alemán Dr. Drexler. Pero la secretaria de Educación Pública afirma tajante: “Es una cuestión de salud mental”). Se limita a repetir, pues, el espantajo ideológico de los partidarios de la “inmunidad de rebaño”.

¿Y qué dicen a todo esto los estudiantes, los verdaderos afectados por estos chalaneos científico-ideológicos de los cruzados de la “inmunidad de rebaño”? Solo he escuchado una sola voz en el desierto, sensata, exacta y que formula la cuestión en términos precisos e indiscutibles. Es la voz de Isaías Chanona Hernández, líder de la FNERRR (Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez”), que sostiene: queremos y debemos volver a las aulas, pero no queremos ir al matadero”, indicó.

Refirió el caso de México, donde hay quienes le han apostado -desde las esferas privadas y gubernamentales” a la llamada “inmunidad de rebaño”, dejando de lado la atención a los enfermos de COVID-19, impidiendo su hospitalización, la negativa de uso de cubrebocas y aplicación masiva de pruebas, para tratar de minimizar el desastre sanitario en que se encuentra inmerso el país.

“Según los partidarios vergonzantes de la ‘inmunidad de rebaño’, los que se tengan que morir que mueran; que se acaben los débiles, enfermos y viejos, y también los pobres que no puedan pagarse un buen hospital y una buena atención médica. Por eso desde el principio ocultaron la letalidad del coronavirus y negaron la necesidad del distanciamiento y el confinamiento social”.

“En su lugar, llamaron a la población a salir sin miedo, a disfrutar del sol y el aire puro. También se negaron a efectuar pruebas masivas a la población, prohibieron a los hospitales públicos recibir enfermos no graves aunque claramente infectados, ocultaron las cifras reales de contagiados y muertos y se rehusaron a declarar oportunamente la alerta en las poblaciones de mayor riesgo. Se aventuraron a poner fin prematuramente al laxo confinamiento que habían decretado en la fase más aguda de la ‘primera ola’, con lo cual incrementaron las cifras fatales, y hoy defienden la misma posición a pesar de los crecientes rumores de una nueva ola, más infecciosa y letal”.

Aquiles Córdova Morán