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A un año de la pandemia… la reflexión de Ulises Centeno. 18 de marzo de 2021

Expresión es…

“Si hoy puedes leer estas líneas, debes dar gracias a Dios.”

Caruli

Hace un año la vida cambió, y con ello nos cambió la manera que teníamos de estar, convivir, planear, laborar, celebrar, jugar, crecer, acompañar e incluso de morir. No somos los mismos: hemos aprendido y desaprendido, extrañamos lo que teníamos y valoramos hoy más lo que tenemos y a quienes tenemos.

En estos momentos es muy difícil imaginar cuándo terminará la contingencia, el confinamiento y las consecuencias de esta crisis que no conoce de edad, posición económica, nacionalidad, familias, hábitos. Y cuando llegue ese día me pregunto: ¿habremos cambiado?, ¿habremos aprendido?, ¿habremos valorado?… ¿habré cambiado?, ¿habré aprendido?, ¿habré valorado?

A un año de la pandemia, ¿qué reflexión de vida me está dejando Covid?, sin duda es un parteaguas y supondría el surgimiento de un ser humano más solidario, más empático, más humano y menos egoísta, menos egocéntrico.

El tiempo no vuelve y debemos repensar la frase “el tiempo es oro” y pensar que el tiempo tiene que estar más vinculado al desarrollo del ser. Hemos recreado formas de hacer, pero sin duda extrañamos aquello que no pudimos hacer; quizá un viaje, una fiesta de graduación, una boda, un encuentro familiar, un torneo deportivo, celebrar un cumpleaños o el aniversario escolar, dar un abrazo.  Hoy es necesario rescatar el valor del tiempo para estar con los nuestros, protegiendo de distintas maneras el núcleo familiar, y volviendo, así sea de forma “obligada” a compartir momentos de verdad y con calidad con los seres queridos.

Han pasado ya 365 de aquel anuncio oficial del pasado 17 de marzo, y hoy todos conocemos a alguien que se contagió, sabemos que hubo quienes ganaron la batalla, pero también quienes en su lucha silenciosa perdieron la vida. Si hoy puedes leer estas líneas, debes dar gracias a Dios y también hacer una pausa, y en silencio recordarlas.

………………….. silencio ………………….. silencio ………………….. silencio ………………….. silencio …….

Esta pandemia nos ha enseñado muchas cosas, entre ellas a construir y aprender a dar un sentido y significado a nuestras vidas, a resignificar la labor docente, que como miles de hombres y mujeres en el mundo en su trinchera en el sector salud nos hemos convertidos en “actores y testigos de esperanza” y que con seguridad la historia nos juzgará o reconocerá por estar en la “batalla” y en esta crisis no sólo sanitaria, sino económica, social, educativa y cultural, y sin las suficientes herramientas para dar respuesta a este ineludible reto: seguir educando y formando para la vida.

Este “obrero del gis”, se ha imaginado muchas veces el regreso a la escuela, y lo imagino sin muros, sin filas, y donde el aula haya evolucionado, donde no importe “regresar” a contenidos, pero sí a que las y los alumnos sean el verdadero centro de la educación, en espacios que se conviertan en puentes de un aprendizaje integral y humanizador, con prácticas flexibles y nuevos ecosistemas y ambientes de aprendizaje en el que exista libertad de pensar, conocer y aprender.

A un año de pandemia, estoy convencido que lo peor sería quedarnos “encerrados” desde el pensamiento y querer volver a una normalidad que ya no existe y que, si así fuere, ¡ojalá no volvamos a una “normalidad!” llena de injusticia, violencia, desigualdad, inseguridad.

Y antes de cerrar los que nos dedicamos a ser educadores (vigilancia, control escolar, administrativos, docentes, equipos directivos, entrenadores) sin duda añoramos aquello que nos alimenta: el bullicio de las aulas, la vitalidad de los pasillos, la efervescencia de las canchas, las voces en la tienda, las sonrisas, los abrazos, las convivencias, los paseos, las clases… a todos ¡gracias por su sí!  Y por hacer desde su servicio que la escuela hoy siga viva.

L.E. Carlos Ulises Centeno López