“Al césar lo que es del césar”, Mensaje Dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 18 de octubre de 2020

“Al césar lo que es del césar”, Mensaje Dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 18 de octubre de 2020

18 octubre, 2020 Desactivado Por Opinión Bajío

“Al césar lo que es del césar”

XXIX Domingo Ordinario (18 de octubre de 2020)

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Pregunta embarazosa

Pocas frases son tan citadas y tan comentadas como la que nos ofrece en el pasaje de este día el Evangelio de San Mateo, pero también pocas frases tan manipuladas y utilizadas para los propios intereses. En realidad, la respuesta de Jesús está condicionada por quienes hacen la pregunta y también por sus intenciones.

Desautoriza a quienes llegan con dobles intenciones y no van con el corazón limpio en busca de la verdad. Ellos que se están enriqueciendo con el tributo a un Templo hecho por Herodes y con dinero que lleva la imagen del César, pero también la sangre y el tributo de los sometidos, vienen ahora a poner preguntas sobre licitudes y conveniencias. Las palabras de Jesús resultan contundentes: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme?”.

La salida de Jesús los deja confundidos y expuestos. Jesús escapa de la trampa volviéndola contra sus adversarios. Quizás sea solamente eso, una respuesta sarcástica e inteligente que pone en evidencia a los que acumulan riquezas extorsionando a los pequeños y conviviendo en contubernio con quienes oprimen al pueblo. Pero también puede verse en esta respuesta un atisbo de la opción de Jesús de poner como único dueño y como único Señor a Dios.

Den al César

Más de una vez se ha usado esta frase para defender la total separación entre el ámbito político y el ámbito religioso o también se le ha utilizado como excusa para no afrontar los deberes ciudadanos frente al bien común. No se refería a esto Jesús de Nazaret cuando dijo esta famosa frase.

Si un cristiano dice estas palabras en sentido disyuntivo y excluyente, no está usando la frase de Cristo en el sentido correcto y verdadero, porque todo cristiano tiene que cumplir al mismo tiempo con sus obligaciones políticas y con sus obligaciones religiosas, tanto se trate de la obligación de mandar como de la obligación de obedecer.

Lo que Cristo condena con toda claridad es la manipulación de la religión a favor de un partido o gobierno, pero al mismo tiempo también denuncia al gobierno que impone y subyuga una religión. Muchas veces las situaciones de desigualdad y de privilegio necesitan una justificación ideológica y religiosa.

Se utilizan argumentos religiosos y hasta divinos para sostener autoridades o privilegios que humanamente parecerían equivocados. Y la utilización de Dios contra la justicia es de las cosas que menos puede tolerar Jesús. En su respuesta Jesús no pone a Dios y al César al mismo nivel. Afirma la primacía de Dios y, desde ahí, descubre a los fariseos y herodianos su hipocresía, mostrando la dimensión religioso-política del impuesto y las monedas que se usan.

Desenmascara las verdaderas intenciones que se esconden detrás de velos religiosos. Con su respuesta, Jesús también nos descubre a nosotros si no estamos dando la verdadera primacía a Dios y, tras su imagen, nos dejamos subyugar por los bienes materiales, por el poder, por la fama.

Libertad del corazón

Devolver a Dios lo que es de Dios supone reconocer que sólo Él es el Señor, pero también supone devolverle el pueblo, la creación y su proyecto de justicia y fraternidad. Nadie queda excluido de la obligación de promover una verdadera justicia y nadie puede esconderse en la sacristía en los momentos de crisis donde urge la presencia, la valentía y el dinamismo de los discípulos.

Pero tampoco nadie puede arrogarse la inteligencia y la bondad divina utilizando la religión para sus proyectos personales o partidistas. Con una verdadera libertad del corazón, en nuestra vida personal, en la familia y en la sociedad, siempre debemos buscar la primacía de Dios porque sólo a Él pertenece el dominio absoluto, pero debemos evitar todo uso o manipulación de Dios.

¿Cómo asumo mis responsabilidades civiles: busco el bien de la comunidad o mis propios intereses? ¿Actúo con indiferencia ante los problemas sociales y políticos, o participo responsablemente? ¿Qué lugar ocupa Dios en mi corazón y cómo lo manifiesto en mi relación con mis hermanos?