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“La Guerra aún no está perdida”, la columna de Gabriel Espinoza. 5 de junio de 2020

La educación hoy

Historias inspiradoras

“La guerra aún no está perdida”

Juanito es un niño de escasos recursos, sus papás están batallando para acompañar a Juanito en su proceso educativo. Su mamá no sabe leer ni escribir, habló con la maestra y pidió auxilio, desde ese día lleva a su hijo a la casa de la maestra todas las mañanas. La maestra recibe a Juanito, quien ahí hace los trabajos, desayuna y come, la maestra le compró unos cuadernos y además ella orienta a sus papás sobre los cuidados que deben tener para evitar un riesgo de contagio.

En otra comunidad, los papás se cooperan para ponerle saldo a un teléfono a donde llegan las recomendaciones de los maestros de la primaria, ese teléfono sirve para recibir la información y también para platicarle a los maestros cómo están trabajando sus alumnos, hay limitaciones, pero sobra corazón.

Como éstas, hay muchas historias que se han ido viviendo durante esta etapa de contingencia. Historias de esfuerzo, de dedicación, de profesionalismo, pero sobre todo historias que nos muestran un inmenso amor por la educación de nuestros niños.

Son ya 12 semanas y solo platico 2 historias que me mueven el corazón, que me dicen que podemos creer en la educación.

Cada lunes, casi religiosamente, nos reunimos virtualmente con las autoridades educativas de la región suroeste y compartimos cómo vamos; ahí, los jefes de sector y supervisores comparten lo que se vive en el día a día del quehacer educativo y algo que inspira es escuchar historias como éstas y saben, hay muchas, muchas historias más.

Hoy es 5 de junio de 2020, es último día de un ciclo escolar que seguramente quedará en la memoria de todos, no solo por la pandemia que vivimos y nos tiene resguardados en casa, también lo será, como lo decíamos en otra entrega, por lo que nos llevemos como experiencia. Cuando estemos viejos, bueno más; podremos platicar cómo afrontamos esta crisis, qué aprendimos y qué cambios vivimos en este proceso.

Perece que fue ayer ese viernes 13 de marzo de 2020, ese último día que nuestros alumnos pisaron las aulas, ese fue el último día en que el maestro o la maestra de nuestros niños lo tuvieron en su salón. Nunca nos imaginamos que hoy, después de 12 semanas, estaríamos viviendo el fin de ciclo escolar sin pisar nuestro salón, nuestro patio, nuestras canchas.

Hoy en este último día de clases a distancia, sugiero hacer un alto para reconocer el esfuerzo de los maestros y maestras, esos que en tiempo récord aprendieron a utilizar redes, plataformas y aplicaciones, esos que aprendieron nuevas reglas de trabajo y que no se dieron por vencidos, que desarrollaron nuevas estrategias pedagógicas, buscaron y motivaron a sus alumnos; trabajaron de la mano con los papás y se comprometieron plenamente con el desarrollo de sus alumnos.

Al cierre también conviene reconocer a los padres y madres de familia, esos que están haciendo su mejor esfuerzo, que dejan de lado otras actividades en casa para estar sentados trabajando con sus hijos, esos que le han puesto tiempo, dinero y esfuerzo a los procesos educativos, esos que humildemente asumieron que para ayudar a sus hijos debían dejarse guiar por nuestros maestros y maestras.

El proceso no ha sido fácil y tampoco podemos asegurar que todo ha sido miel sobre hojuelas; hay casos de alumnos que no han logrado subirse a este nuevo tren, que antes de la pandemia estaban en riesgo de desertar y que ahora lo están más. Hay maestros que no le han encontrado el ritmo a esta nueva forma de trabajo, que se desesperaron o decepcionaron y hoy tal vez han bajado la guardia, también hay papás que no han logrado entender la trascendencia de este nuevo esquema de trabajo y decidieron dejar solos a sus hijos, y también aquellos que como la mamá de Juanito, se saben incapaces pero nunca lo dicen…

Cerramos un ciclo que nos hizo darnos cuenta de nuestras limitaciones, pero también nos ayudó a descubrir esas cosas valiosas que hay en nuestro sistema educativo y que tal vez estábamos pasando de largo. A nuestros maestros, directores, supervisores, jefes de sector y padres de familia, nuestro reconocimiento e infinito agradecimiento.

Saber lo que pasa en las escuelas nos permite darnos cuenta de esas historias que viven los maestros, los alumnos y los papás cada día. Darnos cuenta de lo valioso que sucede en las escuelas y también lo que hace falta mejorar.

Parafraseando a Alex Lora, en la canción “Menos mal” y que seguramente será una de las canciones de guerra, dice que: “menos mal que hay gente así“ y claro que aplica para esos maestros y papás que se atreven a seguir adelante; dice que ellos nos devuelven a la vida y nos recuerdan que la guerra aún no está perdida.

Ahora es tu oportunidad, platícanos esa historia inspiradora que conoces o que has vivido en medio de la pandemia. Esto nos permite saber que saldremos de esta etapa más fortalecidos y acaso un poco siendo mejores personas.

Hasta la próxima entrega.