Las enfermedades infecciosas y sus efectos sobre la biodiversidad.

Las enfermedades infecciosas y sus efectos sobre la biodiversidad.

22 mayo, 2020 Desactivado Por Redacción

22/5/2020

Louis Paul Decena

Según los estudios que se han realizado sobre el orígen del virus SARS-CoV-2, causante de la pandemia global de COVID-19, la ciencia sugiere que el virus saltó a los seres humanos a través de un proceso conocido como zoonosis, es decir,  el paso de un organismo patógeno de una especie animal al ser humano. Se sospecha también, que los animales intermediarios para que se diera este proceso fueron un murciélago y un pangolín o una serpiente. 

Compartir patógenos con otras especies es algo relativamente común, la transmisión de enfermedades de manera interespecífica (entre dos especies diferentes) ocurre constantemente. Los virus en particular, tienen esta propiedad de saltar entre especies. La influenza, por ejemplo, se actualiza dando saltos constantemente entre cerdos, aves y humanos, lo que da origen tanto a la “gripe porcina” como a la “gripe aviar”. 

Naturalmente, los seres humanos nos inclinamos a poner más atención a las enfermedades que nos afectan a nosotros y, dadas las circunstancias actuales, nuestra atención está centrada en los virus. Sin embargo, el ser humano no es el único que está expuesto a enfermedades y amenazas. Todos los animales del planeta sufren enfermedades que amenazan poblaciones y especies enteras poniendo en riesgo la biodiversidad del planeta

Cuando una enfermedad afecta a los animales a nivel global, como la pandemia de COVID-19 nos afecta a nosotros, se le da el nombre de panzootia[1]. Las enfermedades epizoóticas pueden ser verdaderamente devastadoras, ya que ponen en riesgo el balance de ecosistemas completos. Estas enfermedades contagiosas que circulan en la vida silvestre de la tierra, contribuyen a lo que se ha denominado la sexta extinción masiva del planeta. Así como los humanos nos enfrentamos actualmente a una pandemia sin precedentes en nuestra generación, hay otro grupo de animales que lleva varios años a merced de una enfermedad mortal. Como consecuencia, han mermado considerablemente sus poblaciones y en el caso de algunas especies, esta enfermedad las ha llevado al borde la extinción.  Este es el caso de los anfibios.

Un alto porcentaje de los anfibios del mundo se encuentra en algún grado de amenaza[2]. La razón por la que las salamandras, cecilias, ranas y sapos están muriendo a un ritmo acelerado no es a consecuencia de un virus, en este caso, se trata de un hongo patógeno llamado Batrachochytrium dendrobatidis[3]. Este hongo, se conoce también como BD y  causa una enfermedad llamada quitridiomicosis. El patógeno infecta a diferentes especies de anfibios de manera indiscriminada, se adhiere a su piel y poco a poco se come sus células. Debido a que la piel es un órgano muy importante para los anfibios, la infección que produce el hongo, los lleva rápidamente a la muerte. Se piensa que este patógeno es el responsable de la extinción de 90 especies de anfibios. Así mismo,  se ha demostrado que el hongo tiene un rol importante en la disminución de 501 especies más[4]. 

Los conejos son otro grupo de animales que se encuentra amenazado por un virus letal conocido como RHDV2, que causa una enfermedad llamada neumonía hemorrágica vírica o enfermedad hemorrágica de los conejos. El patógeno se dispersó por todo el mundo por primera vez en los años 80’s, causando devastación en los conejos de granja en Europa y China. En 2010,  esta enfermedad comenzó a esparcirse a las comunidades silvestres de Europa. En España, por ejemplo, el virus causó declives de entre el 60 y el 70%. Como resultado, se detectó una reducción del 45% de las poblaciones del águila imperial ibérica (Aquila adalberti) y del 65% de lince ibérico (Lynx pardinus). Las poblaciones de estas dos especies, se encuentran aún en declive. El virus que ocasiona la neumonía hemorrágica ha llegado ya Norteamérica, por lo que las consecuencias para la biodiversidad en este continente podrían ser catastróficas[5].

Otras enfermedades del reino animal son más extrañas, tal es el caso de un tipo de cáncer transmisible que afecta a los Demonios de Tasmania (Sarcophilus harrisii)[6]. Este peculiar cáncer causa tumores en la cara de los animales, por lo que se le ha dado el nombre de enfermedad de tumores faciales. Al parecer, esta enfermedad se originó hace poco más de 20 años. 

Los cánceres normales producen divisiones celulares descontroladas, en cambio, las células de esta enfermedad tienen la capacidad de formar clones que se insertan en nuevos hospederos, dando como resultado tumores contagiosos[7]. Este tipo de cáncer es relativamente raro, pero presenta una nueva faceta de las enfermedades que podrían poner en riesgo a muchos animales. 

Finalmente, regresamos a nuestros amigos los murciélagos, quienes también sufren a causa de las enfermedades fúngicas. Se cree que en Norteamérica mueren entre 5 y 6 millones de murciélagos de diferentes especies a causa de la enfermedad conocida como síndrome de nariz blanca, causada por el hongo Geomyces destructans[8]. 

Existen muchas razones para proteger la biodiversidad de nuestro planeta. Los murciélagos, por ejemplo, son polinizadores muy importantes, las diferentes especies polinizan diferentes plantas. Entre ellas, se encuentran algunas especies de agave mexicano, por lo que la extinción de alguna especie de murciélago podría significar también la pérdida de diversidad de plantas muy importantes para nuestras vidas[9]. Existen innumerables ejemplos de cómo la pérdida de la diversidad biológica puede tener graves consecuencias para la humanidad y, por supuesto, los beneficios de conservarla también son extensos. 

Algunas personas podrían pensar que las enfermedades que atacan a los animales poco tienen que ver con los seres humanos, pero somos nosotros quienes hemos causado que el mundo ahora sea más pequeño. Viajar rápidamente de un lado a otro, “cargar” patógenos de un lugar a otro, reducir los hábitats silvestres y obligar a especies que normalmente no están juntas a convivir, propicia la diseminación acelerada de enfermedades entre las poblaciones silvestres.

Las condiciones ambientales que hemos creado a raíz de la actividad industrial, también incrementan la incidencia de muchas enfermedades. Por ejemplo, los organismos patógenos tropicales se presentan cada vez con más frecuencia en las regiones que se consideraban  templadas, esto es debido a que las temperaturas cada vez son más altas.Todos los seres vivos nos enfrentamos al dolor y las vicisitudes de la enfermedad. Incluso las mismas bacterias, capaces de causarnos daño, son susceptibles al ataque de diferentes virus. La pandemia global COVID-19 es una oportunidad para reflexionar con humildad que tenemos la obligación moral de redoblar nuestros esfuerzos en materia de conservación. Es un recordatorio de que somos una más de todas las especies que forman la magnífica e impresionante biodiversidad en la tierra. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Panzootia
  2. IUCN 2020. The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2020-1.  https://www.iucnredlist.org Downloaded on 19 March 2020
  3. https://en.wikipedia.org/wiki/Batrachochytrium_dendrobatidis
  4. Scheele, B. C., Pasmans, F., Skerratt, L. F., Berger, L., Martel, A., Beukema, W., … & De la Riva, I. (2019). Amphibian fungal panzootic causes catastrophic and ongoing loss of biodiversity. Science, 363(6434), 1459-1463. Doi: https://doi.org/10.1126/science.aav0379
  5. Stokstad, E. (2020), A deadly virus is killing wild rabbits in North America, Science. Doi: https://doi.org/10.1126/science.abc9144 
  6. https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1ncer_transmisible
  7. Pye, R. J., Woods, G. M., & Kreiss, A. (2016). Devil facial tumor disease. Veterinary pathology, 53(4), 726-736. doi: https://doi.org/10.1177/0300985815616444
  8. https://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_la_nariz_blanca

Trejo-Salazar, R. E., Eguiarte, L. E., Suro-Piñera, D., & Medellin, R. A. (2016). Save our bats, save our tequila: industry and science join forces to help bats and agaves. Natural Areas Journal, 36(4), 523-530. doi: https://doi.org/10.3375/043.036.041