La Voz del Pastor, mensaje del obispo de Irapuato Enrique Díaz Díaz. 8 de marzo de 2020

La Voz del Pastor, mensaje del obispo de Irapuato Enrique Díaz Díaz. 8 de marzo de 2020

8 marzo, 2020 Desactivado Por Opinión Bajío

‘Deja todo y ven a la tierra que te mostraré’

II Domingo de Cuaresma (8 de marzo de 2020)

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Hay quien mira la Cuaresma como una larga estación que nos frena y nos pone en pausa, pero la Palabra de Dios de este Domingo nos manifiestan todo lo contrario y nos presentan la Cuaresma como una búsqueda entusiasta, como una inquietud constante, como estar siempre en tensión hacia un objetivo: el verdadero encuentro con Dios y con su Reino.

Quien escucha la primera lectura y contempla a Abraham instalado en su territorio, con sus posesiones y su parentela, difícilmente entiende que se entusiasme y que, dejándolo todo, se lance en búsqueda de la tierra prometida, sostenido solamente por las palabras de un Dios que lo ha puesto en camino. Va en búsqueda de una tierra nueva y sólo lo sostiene su fe. Es modelo de todo cristiano que debe ponerse en movimiento y buscar el ideal manifestado por el encuentro con Dios.

Hoy el hombre moderno, que se dice más libre que nunca, se descubre abotagado de bienes y de falsas ilusiones, que lo han hecho sacrificar la libertad, la conciencia y la autenticidad. El verdadero cristiano se descubre por su entusiasmo y su ardor, por su fervor y dedicación al escuchar la Palabra que lo invita y lo desinstala. Es el hombre de fe que cree en el Dios de las promesas y que en Él pone toda su esperanza.

Pide Jesús esta misma fe a sus discípulos. No la fe que protege y cubre como un manto, sino la fe que acepta el riesgo y la aventura. Abraham deja sus cosas y toma la fe como su brújula y estrella, abandona sus razones terrenas y se fía de las promesas; ahora Jesús pide a sus discípulos una nueva aventura en la construcción de su Reino. Les ha anunciado su pasión y su muerte y les ha puesto nuevas y radicales condiciones para su seguimiento. Mas no los deja en la oscuridad y les permite atisbar las razones de estas exigencias. Al transfigurarse, Dios mismo es quien habla y quien da su palabra para confirmar el camino de Jesús.

La transfiguración es un acontecimiento que busca animar y reorientar a los discípulos tan dispuestos a la búsqueda de los primeros lugares y tan reacios a la cruz. Manifiesta la gloria de Jesús y anticipa su victoria sobre la cruz. Pero la transfiguración no tiene la intención de adormecer a los discípulos o asegurarles un triunfo terreno. Por eso cuando Pedro, en el éxtasis de la contemplación, propone permanecer en las alturas, contemplando el triunfo de Jesús, es despertado bruscamente e invitado a levantarse sin temor.

La transfiguración devela el sentido misterioso y profundo de la vida de Jesús, pero de ninguna manera permite a los discípulos que se queden en contemplaciones y que abandonen la cruz. Deben volver a la realidad. Y es también la realidad del discípulo actual: no puede permanecer indiferente en la altura de la montaña. Puede subir a la montaña, llenarse de Dios para discernir y descubrir su voluntad, para llenar su corazón de entusiasmo, pero no para alejarse de su compromiso frente a los hermanos.

“Este es mi Hijo, escúchenlo”

La voz venida del cielo ordena a los discípulos se fíen de la palabra de Jesús: “Éste es mi hijo… escúchenlo”. Así, confiados en la Palabra, encontrarán la fuerza para bajar del monte y recorrer con el maestro el camino de la cruz. También para nosotros está dirigido el mensaje de Jesús: no puede ser verdadero discípulo quien se aísla de los hermanos, quien se instala cómodamente en la vida y tranquiliza su conciencia con visiones espiritualistas.

Este segundo domingo de cuaresma nos exige examinar si hemos purificado nuestro corazón y nuestras intenciones. Nos pone el ideal para que no nos perdamos en el camino, nos enseña el rostro resplandeciente de Jesús, pero después nos invita a que acompañemos en la marcha de cada día, en el trabajo con los hermanos, en la carga cotidiana de la cruz.

¿Qué estamos haciendo en esta Cuaresma que realmente nos lleve a dejar la indiferencia y a cambiar nuestro corazón?  ¿Nos hemos instalado y adormecido en comodidades?  La visión de un Cristo glorioso y resplandeciente, ¿nos compromete en la búsqueda de un rostro más humano en cada uno de los hermanos?