“Nadando entre feministas”, el análisis de Juan Miguel Alcántara Soria

“Nadando entre feministas”, el análisis de Juan Miguel Alcántara Soria

4 marzo, 2020 Desactivado Por Opinión Bajío

NADANDO ENTRE FEMINISTAS

      Juan Miguel Alcántara Soria

     #UnDíaSinNosotras, próximo lunes, su ausencia visibilizará sus exigencias. Algunas amigas objetan agenda abortista, o la actitud “vandalista” de algunas feministas, y no falta quien repita es obra de satanás. Católicas se duelen porque las llaman “fakeministas”, burlándose por no aceptar el aborto; en otro extremo, llamaron “feminazis” a mujeres que han usado violencia en sus manifestaciones; faltas de respeto entre ellas. La actitud correcta es, primero, de respeto a la conciencia de las demás, llamar a las cosas por su nombre para reconocer coincidencias y discrepancias, verdad que es luz cuando va unida con la benevolencia para las otras.

     Como no somos dueños del significado de las palabras –semántica-, tomo del libro “Feminismos y Derecho. Un diálogo interdisciplinario en torno a los debates contemporáneos” (2020, edición digital, Sistema Bibliotecario de la Suprema Corte):  Su Introducción refiere a los feminismos y no a un feminismo “porque la historia del movimiento no es homogénea”. Primera ola del feminismo, fue de reivindicaciones “liberales”, centrada en movimientos sufragistas en Europa y EU del siglo XIX y XX. Segunda ola (décadas 1970 y 80s), de la liberación de la mujer enfatizando derechos sobre su cuerpo, (aborto legal y seguro). Intentó otro mundo: su liberación sería consecuencia de la del proletariado (tesis marxista). Promovió la aparición de una sola categoría de mujer. En Encuentro Feminista en Taxco (1987) se dijeron: “Hemos desarrollado una lógica amorosa –todas nos necesitamos, todas somos iguales- que no nos permite aceptar el conflicto, las diferencias entre nosotras, la disparidad entre mujeres. Para demostrar este entretejido es necesario acabar con esta lógica amorosa y pasar a una relación de necesidad… para tener fuerza”. En 1990 –Argentina-, consagraron: “El feminismo que estamos practicando asume la lucha de clases, género, etnia, e integralidad y simultaneidad” (dialéctica marxista).

      En el Encuentro en San Salvador, 1993, aparecieron voces disidentes entre feministas autónomas (“históricas” o “utópicas”) y las llamadas institucionalistas (las “de lo posible”). De allí surgió en contraposición un manifiesto del feminismo autónomo. El movimiento se  escindió con señalamientos  de que la incorporación del discurso de género “en las instituciones de la oligarquía internacional -BM, BID, FMI- permitían sus planes de ajuste estructural, sin oposición del feminismo, por hacerlo con perspectiva de género”, reclamo anticapitalista. En el Encuentro en México (2009), reapareció crítica de autónomas hacia las institucionalistas porque el feminismo mexicano se había “institucionalizado” (descafeinado). 200 feministas hicieron encuentro alternativo reivindicando legado feminista radical, como el de la resistencia indígena –protagonista-. Se postuló entonces que la lucha consistía en la superación del género como injusta realidad histórica, que “tecnócratas del género” eran mujeres blancas o mestizas, de clase social privilegiada, que descarrilaban el movimiento al no considerar el patriarcado en su total dimensión.

     Tercera ola, la actual, “esta marcada por la conciencia de que existen múltiples modelos de mujer”. Del feminismo negro vino cuestionamiento a una única experiencia de mujer.  Olas se convirtieron en marea feminista con diferentes identidades, ideologías, objetivos, prioridades, estrategias, topografías, reclamando por derechos a no ser violentadas, condiciones dignas en espacios laborales, sociales o educativos, derechos sexuales y reproductivos. (Leer a Isabel Fulda, Nexos, enero 2020). Conclusión: hay muchos feminismos, un común denominador: condición de desigualdad, a revertir.

     Lo de hoy es lograr algo fundamental: No ser indiferentes a feminicidios y otras violencias contra las mujeres, cambiar estructuras violentas con sentido ético; reconocer infinitos modelos de mujer, incluyendo feminismos “de lo posible”, humanismos trascendentales o inmanentes, aparte  del todo o nada de “autónomas” o “utópicas” –quienes no tienen exclusividad de agenda y en número no son mayoría, ni en víctimas, ni de las que se ausentarán este lunes-. Tampoco nadie es dueña de valores absolutos y de la vida temporal o eterna de las mujeres ¡El Nueve Ninguna se Mueve!