La Voz Del Pastor. Mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 23 de febrero de 2020.

La Voz Del Pastor. Mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 23 de febrero de 2020.

23 febrero, 2020 Desactivado Por Opinión Bajío

La provocación y radicalidad de Jesús: “Amen a sus enemigos”

VII Domingo del Tiempo Ordinario (23 de febrero de 2020)

Reflexión del Evangelio del domingo

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

San Mateo 5, 38-48: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”

Entre las anécdotas que se narran de jTatic Samuel hay una que siempre me ha llamado la atención, porque me la han narrado varias veces. Se refiere a su relación con “sus enemigos”. Periodistas y entrevistadores con frecuencia trataban de amarrar navajas diciéndole que alguna persona había juzgado negativamente su labor. Y con frecuencia él contestaba “es que mi amigo verá las cosas de otra manera”. Y cuando le reclamaban que tal personaje no podría ser su amigo porque buscaba hacerle daño, él, en tono entre sarcástico y divertido, contestaba: “De mi parte sólo tengo amigos. De su parte, él sabrá si es buen amigo o mal amigo”. Y es verdad, Cristo nos invita a amar incluso a los enemigos y esa es la única forma de no tener enemigos

A nuestro mundo tan saturado de violencia, de odios, y de dudas; a personas tan sumidas en la angustia por la vida y en la pérdida de su sentido, sonarán como cañonazos explosivos las frases que provienen desde la montaña para cambiarnos la vida.

El libro del Levítico nos recuerda la exigencia que Dios le hace a Moisés: “Sean santos porque yo, el Señor, soy santo”. No es una afirmación ambigua, ni pretende una santidad estereotipada que nos aleja del mundo, sino que se traduce en actitudes muy concretas: “No odies a tu hermano ni en lo secreto de tu corazón… no te vengues ni guardes rencor… ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Está claro en qué consiste la santidad?

San Pablo nos lanza la segunda frase explosiva: “¿No saben ustedes que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” No somos poca cosa. Dios no hace basura y nos ha formado con gran dignidad. Valemos mucho como personas. Y mientras escribo estas reflexiones escucho las noticias de asesinatos, violencia y destrucción. ¿Habrá razones suficientes para acabar con la propia vida? Si no nos amamos nosotros, ¿cómo vamos a amar a los demás? El amor al prójimo está basado en el amor a nosotros mismos. Y no se trata de falsos orgullos, sino de poner los cimientos de nuestro verdadero valor a tal grado que San Pablo dice: “Ustedes son de Cristo”. Nunca lo debemos olvidar y no podremos vivir de una manera negativa porque nosotros somos ese templo de Dios.

Quien ama no tiene enemigos

“Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto.” Son las palabras de Jesús que invita a sus discípulos a romper la escalada que inicia con la violencia, que continúa con las venganzas y que finaliza dejando el corazón lleno de odios y resentimientos. La antigua ley que buscaba proteger al más desvalido y que exigía cobrar “ojo por ojo” y “diente por diente”, no solucionaba de fondo la violencia porque el corazón lleno de rencor no permite encontrar la paz. Quien se pudre por dentro para no aceptar al prójimo, para no amarlo, se queda lejos del hermano, pero acaba podrido para toda la vida. El “otro” no puede ser “enemigo”, es un ser humano, alguien que sufre y goza, que busca y espera. Pensando en los grandes asesinos y en los narcotraficantes y en los corruptos. ¿Cómo amar o aceptar a tales personas? Mi pregunta siempre será: ¿cómo los ama Dios? ¿Cómo da la vida Jesús también por ellos? La violencia nunca se solucionará con violencia. ¿No tendremos también nosotros otra propuesta?

Cristo nos invita a realizar cosas “extraordinarias”. La vocación del cristiano es vocación a la “locura” y a lo extraordinario. El amor cristiano nace de lo profundo de la persona, de saberse amado por Dios y quiere ser reflejo y expresión de ese amor del Padre que nos abraza a todos.

El mal, a pesar de las apariencias, siempre será débil. El odio brota del miedo y se siente amenazado. La ofensa tiene necesidad de la venganza. En cambio, el amor es la única fuerza capaz de cortar de raíz la violencia. Es urgente un “¡ya basta!” a la violencia y aceptar la propuesta de la no violencia que Cristo nos ofrece.

Dejémonos cuidar, abrazar y querer por Dios Padre para así lanzarnos en pos del gran ideal, que nos parece extraordinario: amar, perdonar, ser santos y vivir como templos del Espíritu.