La Voz del Pastor, mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 19 de enero de 2020

19 enero, 2020 Desactivado Por Redacción

II Domingo del Tiempo Ordinario (19 de enero de 2020)

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

La imagen de Jesús que hoy nos ofrece San Juan Bautista, es la del Cordero de Dios. Para el pueblo de Israel esta imagen encierra un profundo significado que ojalá nosotros lográramos recuperar.

El pueblo que vivía en esclavitud se ve liberado por Dios, pero la señal de la liberación es la sangre de un cordero rociada en los dinteles de las casas. Así, el Cordero aparece como liberador.

Cuando el pueblo de Israel tenía sus fiestas anuales, debía purificarse de todos los pecados. En un rito ancestral, escogían un cabrito y, después de arrojar sobre él todas las culpas del pueblo, lo enviaban al desierto para que con él desapareciera toda la maldad del pueblo. Era un bello rito que implicaba el arrepentimiento y la conversión. La gran fiesta de la Pascua y liberación se celebraba participando todos de un mismo cordero en fiesta familiar y comunitaria. Liberación, purificación y sentido de comunidad, se unen en el recuerdo del pueblo.

Todos estos signos, experimentados y vividos por los israelitas, deberían acudir a su memoria cuando Juan presenta a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Pero, ¿cómo explicarlo y vivirlo en nuestros días? Tendremos que experimentar a Jesús como el gran liberador cuando sentimos que las injusticias nos superan; mirarlo como quien construye la unidad contra el individualismo y el egoísmo; y sabernos purificados y perdonados en un ambiente de corrupción y de pecado.

El pecado, desgracia y pérdida

Con frecuencia los mismos cristianos hemos olvidado el significado de pecado. Lo hemos reducido a una especie de mancha o de impureza en los vestidos o en el “alma”, pero el pecado es algo mucho más grave porque rompe la relación del hombre con sus hermanos, destruye la comunidad, le atrofia los sentidos y le hace perder su propia identidad. Tomemos conciencia de que hay algo que nos impide vivir en plenitud y que, a toda esa realidad de injusticia, egoísmo, mentira y ambición, le llamamos pecado. Hay quien se asusta y no quiere llamar pecado a las cosas malas, pero, aunque no le llamemos pecado, estamos experimentando en nosotros, en las estructuras, en la sociedad, esa maldad que impide nuestra felicidad.

Por eso, cuando Juan nos presenta a Jesús no está indicando una acción moralizante o una limpieza de costumbres, sino que nos está anunciando que Dios está de nuestra parte en esta lucha contra todo mal e injusticia. En Jesús nos ofrece todo su amor, su apoyo y fortaleza, para librarnos del mal y poder vivir en armonía, felicidad y plenitud. No podemos quedarnos nosotros mirando de una manera pasiva. Cierto que Cristo quita el pecado y es el único que lo puede hacer, pero su dinamismo nos implica a todos en una lucha sincera, honesta y tenaz contra toda maldad.

Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, pero nosotros somos sus discípulos y también debemos entablar una lucha sin cuartel contra el verdadero pecado, el que mata y divide, el que provoca hambre y desigualdades, el que engaña y seduce, el que denigra y humilla. Jesús juzgó certeramente las mentiras sociales y las mentiras del mundo, y tomó partido por la verdad y por la vida. Empeñó su palabra y transformó la comunidad.

Hoy nosotros no podemos ser cómplices silenciosos de tanta injusticia. Callar es un pecado cuando se está destruyendo la naturaleza, la fraternidad y convivencia. Hoy también nosotros nos debemos sentir impulsados por el Espíritu para formar este pueblo de santos que ha liberado Jesús. Hoy debemos sentir a Jesús que se ha metido en nuestra historia y carga con nuestros pecados, los borra.

Hoy su fuerza y su gracia nos acompañan en una lucha sincera contra toda maldad personal y comunitaria. No podemos quedar indiferentes ante el pecado. ¿Qué estamos haciendo para superar el mal y la injusticia? ¿Callamos y convivimos con el verdadero pecado? ¿Cómo aceptamos en nuestra vida esta imagen bella de Jesús Cordero? ¿A qué nos impulsa en nuestra vida diaria?