La Voz del Pastor, Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz

29 diciembre, 2019 Desactivado Por Redacción

Familia: amor, fortaleza, cercanía

Sagrada Familia de Jesús, María y José (29 de diciembre de 2019)

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

 “La tierra es igual que la familia, con dedicación, amor, constancia y mucha fe se transforma. Pero si se descuida se convierte en un desierto agreste y agresivo”. “Con amor, mucha cercanía, y mucha fe se obtienen buenos frutos”.

Apenas celebrada la Navidad, hoy nos encontramos a esta pequeña familia de Jesús, María y José en circunstancias difíciles y hostiles. Se perciben las amenazas de un gobernante, Herodes, que obsesionado por su poder, busca destruir al pequeño e indefenso porque se siente amenazado. Se ven obligados a dejar su patria e irse a la aventura hacia un país desconocido, con otra religión, con otra lengua, otras costumbres y otras personas. Sin embargo, aparece la fortaleza y la unión de esta familia. Y no quiere decir que no hubiera problemas, como si la pobreza, la lejanía o la adversidad no fueran suficientes problemas. Pero hay familias a las cuales los problemas las unen, las obligan a tenerse más en cuenta, las sostienen en ambiente de oración, de fe y de comunidad; en cambio a otras familias los problemas las destruyen y las reducen a la nada. San Pablo en su carta los Colosenses da una serie de consejos que ayudarían a buscar esa espiritualidad de la familia: “Sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense, perdónense mutuamente… pero, sobre todo, tengan amor que es el vínculo de la perfecta unión”.

Variopinta situación de las familias

Como Iglesia y como sociedad no podemos permanecer con los ojos vendados ante la realidad: de madres solteras que tienen que afrontar no sólo la manutención, sino la educación integral de los hijos. De uniones libres que se multiplican, ya sea por falta de compromiso, por falta de sentido de Dios, o simplemente porque la vida moderna nos está arrojando a la situaciones pasajeras y desechables. De adolescentes muy inmaduros se enfrentan solos a terribles decisiones, donde se encuentran perdidos y con frecuencia fracasan. Los famosísimos “ninis”, que ni estudian, ni trabajan, ni encuentran un lugar en la sociedad ni en la familia. Se sienten marginados y acaban siendo una carga para todos. Las bandas delictivas y de narcotráfico encuentran abastecimiento fácil en los jóvenes que se sienten deslumbrados por los modelos que les presenta el consumismo. ¿Cómo sostenerlos para que no caigan en el mundo de las drogas, del alcohol y no sucumban a las seducciones del dinero fácil, del poder y a la sensación de clan y compañía que parecen ofrecer los grupos delictivos? Los divorciados y sus hijos son un campo donde se debería sentir un amor especial de Dios que es comunidad y amor y sin embargo no lo encuentran. Las situaciones que llevan al aborto son un reto que no hemos sabido afrontar. Los emigrantes que llegan a los nuevos sitios, tienen que acoplarse a una nueva convivencia familiar, por llamarla de algún modo. Hoy al contemplar la Sagrada Familia no podemos olvidar a estas familias que en su interior también desearían paz y armonía y que nosotros como discípulos de Jesús no podemos olvidar, pues Él vino a integrase a esta familia humana.

Jesús nos exige descubrir su presencia en medio de todas estas nuevas realidades y hacer sentir que su amor da sentido a las más terribles situaciones. Para Él ningún aspecto del ser humano le resulta desconocido y así nos ama y así busca nuestra restauración y darnos la verdadera dignidad.

Junto a la Sagrada Familia hoy busquemos una nueva y revitalizada espiritualidad que sostenga y dé esperanza a las familias y a los grupos que en muchos lugares hacen las veces de familia. Reto grande para los discípulos será hacer de cada una de nuestras comunidades un espacio de acogida, de comprensión, calidez y fraternidad que tengan en cuenta en primer lugar que cada hombre y mujer que viene a nuestro encuentro es una persona, con sus derechos, con sus necesidades y con su sed de amar y ser amada. Cada una de ellas es un Hijo de Dios que tiene el derecho de saberse amado y de ser recibido en comunidad. No podemos olvidar que “con amor, mucha cercanía, y mucha fe se obtienen buenos frutos”.