La Voz del Pastor, mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 08 de diciembre de 2019

La Voz del Pastor, mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 08 de diciembre de 2019

8 diciembre, 2019 Desactivado Por Redacción

Otro mundo es posible, ¡hagámoslo realidad!

II Domingo de Adviento (8 de diciembre de 2019)

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Hoy el profeta Isaías nos reta a buscar el más ambicioso de los sueños y nos pinta el cuadro maravilloso de la más increíble escena. Los animales domésticos, débiles e indefensos, conviven pacíficamente con las más feroces y sanguinarias bestias. El cordero no teme habitar junto al lobo, el cabrito se echa junto a la pantera; y el novillo y el león comen del mismo “plato”.  “Demasiado bello para ser realidad. Estás soñando”  acusarán todos los escépticos. Sin embargo Isaías lo plantea como la más pura realidad porque, cuando se confía en la Palabra del Señor, se tiene derecho a soñar. No es un adormilamiento ni un escape de la realidad, es mirar el futuro con los ojos de Dios y saber que, con su fuerza y con nuestro empeño, todo será posible.

Esta escena bucólica de Isaías tiene sus premisas y, aunque es un don, no cae simplemente del cielo. El requisito fundamental para encontrar la verdadera paz está en la justicia y en la fidelidad. No es la pacificación sostenida por los poderosos que pretenden someter y silenciar a los débiles para no escuchar sus gritos de dolor. No es la indiferencia que permite a los valientes matar inmisericordemente y cometer los peores atropellos. No es el miedo que paraliza o que nos impulsa a hacer cosas irracionales. Es la fe y la confianza en la fuerza de “Quien sabemos tiene el poder” y camina con nosotros.

La paz y la armonía con que sueña Isaías brotan del viejo y olvidado tronco de Jesé que parecía muerto. Brotan de la vida interior que lleva en su seno aunque aparentaba estar seco. El hombre nuevo, aunque parezca imposible, lleva en su seno la savia del Espíritu y es posible que ofrezca renuevos inesperados. Es posible una nueva forma de vivir basada no en las apariencias ni en las palabras, sino cimentada en la justicia y en la equidad.

El “renuevo” al que se refiere Isaías es el Mesías futuro que viene a despertar las ocultas y casi desaparecidas fibras de la humanidad para crear una nueva civilización.  Ese “pequeñito”, que es la promesa del Adviento comparado a un débil retoño, despierta nuevas ilusiones en el hombre tocado por el pecado, pero siempre llamado a construir un mundo nuevo.

Conversión personal, inicio de lo nuevo

Cuando San Juan Bautista recoge la promesa de un mundo nuevo, inicia su pregón en medio del desierto y despierta la curiosidad de todos los que no habían perdido la esperanza de hacer realidad el sueño. San Juan es muy claro y desde su impresionante figura reclama una nueva actitud. Hay que cambiar el corazón para poder superar la violencia y la maldad. “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Conversión, metanoia, no es un simple cambio exterior y superficial, no basta mirar lo que estamos haciendo mal. La verdadera conversión requiere un cambio radical, total, que afecta todo nuestro ser. Es volverse hacia Dios para obrar en verdad, justicia y amor. No estamos condenados al caos de injusticia y perversidad, pero tenemos que cambiar radicalmente nuestras opciones y nuestro interior.

Hoy toda la liturgia nos lleva a soñar otro mundo posible, pero es necesario seguir los pasos del Espíritu y dejarse invadir por su soplo. Hay que comenzar desde el principio, desde lo más profundo y auténtico del hombre, por más pequeño y olvidado que parezca. Hay que retomar la relación imprescindible con Dios que le da sentido a la vida. Esa voz que nos urge a preparar el camino del Señor, comienza por recordarnos que somos hijos de un mismo Padre, nos lleva a mirar con orgullo nuestro origen y así actuar en conformidad en la relación con los otros pues son nuestros hermanos. Sólo en la hermandad, que supone la diferencia, podremos reencontrar el fundamento para la armonía.

Hoy junto a la claridad de un sueño, aparece la urgencia de la voz que nos pide allanar, enderezar, igualar, para que el reino de Dios se acerque y para que todos podamos ver la salvación de Dios. ¿Cuáles son mis sueños de Adviento? ¿Creo posible la armonía y la justicia en medio de nosotros? ¿Estoy dispuesto a una verdadera conversión?