La Voz del Pastor. Mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 1 de diciembre de 2019

La Voz del Pastor. Mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 1 de diciembre de 2019

1 diciembre, 2019 Desactivado Por Redacción

Primer domingo de Adviento (1 de diciembre de 2019)

Reflexión del Evangelio del domingo

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

 El Papa Francisco en su exhortación Laudato sí, nos pone en alerta sobre el deterioro de la hermana tierra. La tierra está mortalmente herida. Miles y miles de toneladas de basura y de materiales tóxicos se acumulan desordenada y peligrosamente a las afueras de las ciudades. Con voracidad se siguen exterminando los bosques, saqueando las entrañas de la tierra, explotando inmisericordemente los recursos naturales.  La tierra está herida y ¿qué estamos haciendo? Como nos dice el Evangelio de este día: “Comían y bebían despreocupadamente”. Todos hablamos y decimos, pero ¡se continúa con el mismo estilo de vida!

El primer domingo de Adviento es un potente grito que busca despertarnos y llamar nuestra atención sobre lo que estamos haciendo de la vida, de la tierra y de la humanidad. El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, se ha transformado en el principal depredador de la naturaleza y en el peor enemigo del hombre. Isaías contemplando la triste situación a la que se ha llegado, se niega a pensar que este sea el destino final del hombre y lanza su anuncio de esperanza pidiendo y soñando que “De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas”. Es decir, que cambiarán radicalmente las políticas y las ambiciones del hombre. La espada y la lanza se han convertido en el signo de la agresividad y de la violencia, de la destrucción egoísta y de la imposición tiránica a la que aspira cada persona.

El hombre ha desfigurado su rostro creado a “imagen de Dios”, y lejos de ser creador, dinámico y fraternal, se ha transformado en el principal destructor. Con base en un crecimiento económico y en una política que favorece a pocas empresas y estados, exige un consumo de recursos que no tiene fin, un consumo que lo ha llevado a un desastre climático y a una peligrosa situación social. ¿Seremos capaces de transformar las espadas en arados? ¿Podremos reencontrar nuevamente la verdadera imagen y espiritualidad del hombre? Está llamado a sembrar en el sentido más profundo de la palabra: dar vida, entregarse y servir, para poder dar frutos.

Revistámonos de Jesucristo

Ya San Pablo insiste en su carta a los Romanos que se tome en cuenta el momento en que vivimos. La indiferencia, la apatía y el conformismo no podrán sacarnos adelante de los graves problemas que estamos viviendo. Nos llama a vivir “honestamente” y denuncia los excesos que corroen el corazón: comilonas, borracheras, lujurias, desenfrenos, pleitos y envidias. El hombre se ha acostumbrado a vivir sin privaciones, tocado y desfigurado por todas sus ambiciones. El hombre, como la tierra, se encuentra herido. Es tiempo de revisión y de recuperar el verdadero sentido del hombre. Pablo nos invita a que contemplemos a Jesús, que nos revistamos de sus sentimientos y así transformaremos nuestro mundo. En Cristo encontramos el verdadero modelo de felicidad, de creación y de sentido de la historia.

El Adviento al mismo tiempo que es un tiempo de denuncia, es un tiempo de esperanza e ilusión. La tarea del verdadero discípulo será vivir en esperanza y despertar esperanza. “Velen y estén preparados”, son las palabras de Jesús a sus discípulos. Y hace la comparación de esa generación con la pasividad e indiferencia de la generación que sufrió el Diluvio. Nadie lo creía, nadie lo esperaba, a pesar de que Noé lo anunciaba constantemente. Ahora son muchos los timbres de alarma que están tocando a nuestras comunidades: pérdida de valores, destrucción de la familia, desprecio de la vida, destrucción de la naturaleza. Retomemos las enseñanzas de Jesús y encendamos velas y luces de esperanza. Esta esperanza no se basa en cálculos, sino que nace del estilo de vida de quienes enfrentan la realidad enraizados y edificados en Cristo.

Adviento. ¿Estoy dispuesto a despertar y abrir los ojos para examinar mi realidad?  ¿Qué significa para mí transformar las espadas en arados y las lanzas en podaderas? ¿Qué signos reales estoy dando de esperanza?