La Voz del Pastor, mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 24 de noviembre de 2019.

24 noviembre, 2019 Desactivado Por Redacción

24 de noviembre de 2019

 Enarbolemos la bandera de Cristo, rey de la paz

Con silencio, amargura y tristeza fueron trasladados a la iglesia del pueblo los cadáveres de los jóvenes asesinados. Toda la población está aterrada, mezclando temor, coraje e impotencia.  Las palabras del sacerdote ante los cadáveres suenan doloridas: “Esto que estamos viendo es resultado de años de descuido, de fracaso de todos los aspectos de la política y la educación; no ha surgido espontáneamente, es fruto de años en los que se ha venido destruyendo el tejido social ante la pérdida de valores… como si Dios no existiera”.

Y todos estamos de acuerdo, nos sentimos como en país sin ley, sin principios, sin Dios porque si estamos asistiendo a esta lucha absurda por los espacios de dominio que asesina a personas, sin importar sean pequeñas o inocentes sino solamente porque ocupan un espacio que juzgan pertenece a ellos, es porque el hombre ha perdido su verdadera dimensión y se ha olvidado de Dios, no porque Dios esté ausente.

Hoy recordamos una fiesta muy querida para el pueblo mexicano: “Cristo Rey”. Es una fiesta que cierra todo el ciclo litúrgico pero que también nos enseña el verdadero sentido del tiempo y de la naturaleza: pertenecen a Dios y están destinados a dar gloria a Dios. No en el sentido egoísta como si Dios necesitara que hubiera millones de personas alabándolo para sentirse feliz, sino en el sentido de la más grande generosidad que nos descubre cómo la felicidad del hombre es la mayor gloria de Dios. Y cuando el hombre logra encontrarse con Dios en su corazón, cuando busca vivir como imagen y semejanza suya, cuando se torna creador y generador de vida y de belleza, el hombre encuentra su más grande realización.

Pero cuando se ataca frontalmente a Dios con el pretexto de respetar la dignidad de la persona, se desequilibra de tal forma que todo pierde su sentido y termina en un caos volviéndose contra el mismo hombre. Nuestra sociedad podrá organizarse sin Dios, pero siempre tendrá un enorme hueco en su corazón que buscará llenarlo con poder, con riqueza o con placeres, como lo hemos estado viendo y sufriendo en los últimos años.

El reino de Jesús es muy distinto a como lo hubieran podido imaginar los hombres, muy lejano a la ambición de poder de unos cuantos. Jesús viene a ofrecer un reino de vida. Su propuesta es la participación de una vida plena de todos los pueblos y todas las gentes como hijos de Dios. Es hacer realidad el proyecto del Padre. Sin embargo, no utiliza ni el poder, ni el dinero, ni la fuerza para implantar su reino: su única arma es el amor, un amor pleno, un amor total. Por eso en este día se nos invita a contemplarlo tal y como nos lo presenta San Lucas: clavado en la cruz.

En qué estamos fallando

Al decirnos discípulos de Jesús y proclamarlo como rey, adquirimos un verdadero compromiso de luchar por sus mismos ideales y con su mismo estilo. No podemos estar de acuerdo con toda la cadena de violencia que se ha desatado, con las crueles masacres y los horrendos crímenes que se han suscitado. Elevamos nuestra enérgica protesta. Pero también nos examinamos y tratamos de descubrir que está fallando en esta sociedad.

Se requiere un nuevo modo de educación para el amor, para la responsabilidad y para la aceptación del Evangelio y esto sólo lo podemos encontrar en el ejemplo de Jesús. Los reinos del poder, de la fuerza y de la mentira, sólo caerán si construimos un reino de verdad, de justicia y de vida. Necesitamos acercarnos a este rey y aprender de Él su entrega y la forma en que construye su reino. Debemos buscar vida para todos y dejarnos de egoísmos e individualismos.

El compromiso por la justicia, la reconciliación y la paz encuentran su última raíz y su cumplimiento en el amor que Cristo nos ha revelado. Todos los creyentes debemos traducir nuestro homenaje a Cristo Rey en un compromiso serio por la construcción de su reino, por el amor a los pobres y la lucha por la verdadera justicia.

¿Cómo es nuestro homenaje a Cristo Rey? Que esta fiesta sea para para convertirnos en sus fieles seguidores, llenos de esperanza, y constructores incansables de un reino diferente.