La Voz del Pastor, mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 17 de noviembre de 2019

La Voz del Pastor, mensaje dominical del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 17 de noviembre de 2019

17 noviembre, 2019 Desactivado Por Redacción

17 de noviembre de 2019

El reino de Dios irrumpe aún en medio de oposiciones

XXXIII Domingo Tiempo Ordinario

Reflexión del Evangelio del domingo

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

Jesús muchas veces habló de la vida que hay después de la muerte. Siempre lo hizo con parábolas e imágenes que nos invitan a una participación plena con el Padre pero que nos dejan muchas lagunas en cuanto a la forma concreta de la vida que tendremos más allá.

El Evangelio que hoy escuchamos nos da pistas, no para descubrir cómo será el cielo, sino para enseñarnos la forma en que debemos llevar la vida en vistas al final que se avecina. Tres actitudes muy precisas nos recomienda hoy Jesús.

La primera va en relación a las seguridades que tenemos y a los valores que las sustentan. Nada más importante para un judío que el templo pues significaba la presencia de Dios que los acompañaba, sostenía y protegía en toda su historia. Sin embargo, para muchos de ellos la arquitectura y el poder de la religión habían desplazado la fe y habían convertido los sacrificios, los rituales y la construcción en signos más poderosos que el mismo Dios de Israel. Por sus rituales dejaban a un lado los mandamientos más importantes pedidos como verdadero culto: la misericordia y la justicia social. Que Cristo les diga que será destruido, es para ellos una verdadera blasfemia, pero para Jesús es rectificar y dejar bien claro que, si el templo no posibilita una relación con Dios y con los hermanos, si provoca divisiones sociales y relaciones injustas, no puede ser el sostén de la religión. Se deja a Dios por un templo material. Llamada de atención también para nosotros que ponemos muchas veces nuestra confianza no en la presencia de Dios, no en la relación con los hermanos, sino en las estructuras materiales que subyagan y esclavizan.

Cuidado con los falsos profetas

Cuando llegan los desastres a nuestros pueblos, llegan también interpretaciones alarmistas sobre los últimos días. Profetas que se atribuyen conocimientos del fin del mundo y que tratan de infundir miedo para conseguir sus propios fines. Sin embargo, las palabras de Jesús hoy nos ponen en alerta. Nadie puede decir “yo soy”, pues está apropiándose el nombre divino. Nadie será dueño del tiempo y la eternidad, sino solamente Dios.

De ningún modo el pensar en la eternidad nos puede llevar a descuidarnos en nuestras tareas o a angustiarnos por lo que vaya a pasar. Jesús nos llama a la verdadera esperanza que construye y dinamiza, que se sostiene en la presencia eficaz de nuestro salvador en medio de todas las dificultades. Cuando reconocemos que la violencia ha alcanzado límites insospechados se hace necesario recordar estas palabras. No podemos darnos por vencidos sin poner todo nuestro esfuerzo. Recordemos que Cristo afirma que cuando haya persecuciones y divisiones, “grábense bien… que yo les daré palabras sabias”.

La tercera invitación de Jesús es a permanecer firmes para conseguir la vida eterna. Y es curioso que cuando anuncia los peores desastres que llevan hasta la traición y el asesinato, insista en la verdadera actitud del cristiano: la esperanza en la vida plena. Esta es la enseñanza fundamental en este domingo: este mundo pasará, junto con sus conquistas, su tecnología y su desarrollo científico, del que tanto presumimos. Todas las cosas, por las que nos afanamos, a veces en exceso, se acabarán. Nuestra existencia en esta tierra concluirá, aunque no sabemos cuándo ni cómo. A veces cuando más seguros nos sentimos, es cuando sobreviene la desgracia ¿Estamos preparados para el final?

En la primera lectura el profeta Malaquías al mismo tiempo que amenazaba a los malvados daba esperanza a los justos: “Ya viene el día del Señor, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja… Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia, que les traerá la salvación en sus rayos” La actitud que Jesús nos propone en este día es levantar la cabeza, no tener miedo, trabajar con perseverancia y mantener viva la esperanza. Cristo resucitado nos llena de fortaleza frente a las incertidumbres del momento final.

¿Cómo miramos nosotros el fin del mundo? ¿Qué sentimientos suscita en nosotros? ¿Somos hombres de esperanza que generamos un sano optimismo?