La Voz del Pastor, mensaje del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 15 de septiembre de 2019

15 septiembre, 2019 Desactivado Por Opinión Bajío

15 de septiembre de 2019

Amor al pecador

XXIV Domingo Ordinario

El hallazgo ha sacudido la conciencia del pequeño poblado: un bebé ha sido abandonado en un basurero y lo han encontrado muerto. Se habla de que su propia madre lo habría abandonado. Y parece incomprensible un acto tan inhumano. Pero casi inmediatamente la noticia pasa a segundo plano ante las bárbaras ejecuciones y los atroces asesinatos. Muchos hablan de imponer pena de de muerte y se alegran cuando algún criminal es abatido. ¿Hasta dónde ha llegado la brutalidad y deshumanización del hombre? ¿Ha perdido el rumbo y no es capaz de sentimientos y piedad por el hermano ya sea diferente, pecador o desconocido? ¿Habrá esperanza de redención?

Todos hemos encontrado personas que se llenan la boca hablando de justicia social y de amor a la humanidad, que luchan por los derechos humanos, que acusan de sobornos e injusticias, y que después son irascibles e intransigentes con los que están cercanos a ellos. Es fácil hablar del perdón y de  reconciliación, de justicia y de verdad, para después transformarnos en jueces intransigentes e intolerables con los más cercanos. Esto pasa hasta en los círculos en donde menos debería pasar: autoridades, maestros, ministros, educadores e iglesias. Lo mismo sucede en tiempos de Jesús y Él rompe estos estigmas tanto con su modo de actuar como con su palabra.

Compartamos la mesa con todos

 Jesús comparte su mesa y su alegría con gente de dudosa reputación, trata con ellos, se hace acompañar de pecadores y publicanos. Esta actitud no gusta a escribas y fariseos, y tampoco va de acuerdo con los consejos y normas que presentaba la ley. Sus enemigos tienen muchos fundamentos y razones para juzgar que se ha alejado del camino del bien. Jesús busca manifestar cuál es el verdadero rostro de su Padre y lo hace por medio de estas imágenes que acaban por desconcertar a todos. No es el Dios que esperaban los piadosos judíos, está también muy lejos de las imágenes de aquellos dioses de los pueblos vecinos que los mostraban implacables, lejanos y poderosos.

La principal revelación y más grande regalo de Jesús es manifestarnos esa experiencia central y decisiva en su propia vida: el amor de un Padre. Parece obsesionado por ofrecernos este rostro nuevo de Dios que se manifiesta con rasgos de misericordia y benevolencia, que se acerca a cada uno de los hombres, que no duda en llamar y buscar al pecador, al diferente, al lejano. Jesús nos da a conocer su misericordia en su manera de relacionarse con los pecadores, con las prostitutas, con los despreciados y los pequeños. Su actuar lo respalda con las parábolas del amor de Padre.

Tres imágenes nos ofrece el texto de este domingo: la de un pastor que sale en busca de la oveja perdida, la de una mujer que remueve la casa hasta encontrar la moneda extraviada y la locura de un padre que espera ansioso, que abre sus brazos sin cuestionamiento alguno y que hace gran fiesta porque el hijo que lo abandonó, despilfarró su herencia y deshonró su nombre, ahora ha regresado a su casa. Imágenes que quizás en nuestro tiempo parezcan fuera de contexto no por lo extraño de las imágenes, al fin de algún modo conocidas, sino por lo grandioso que detrás de ellas nos presenta: un amor enorme por el extraviado.

La misericordia es el camino al reino de los cielos

Jesús busca hacernos entender que la misericordia es el mejor camino para entrar al reino de los cielos. Hay que introducir en la vida social del pueblo la compasión y la misericordia como la encontramos en el mismo corazón de nuestro Padre Dios. Hay que vivir la alegría que nos presentan estas tres imágenes de una felicidad figurada en la fiesta y el banquete al encontrar al perdido. Hay que poner en el fondo del corazón de todo hombre y mujer una realidad muy seria: todos somos hermanos y todos cabemos en el corazón de un Padre. No es un Padre que está esperando la conversión para amar al pecador, es un Padre que ama al pecador a pesar de su pecado, que lo quiere antes de sus señales de arrepentimiento, y que es fiel a su amor a pesar de todas las infidelidades.

Cuando encontramos actos de barbarie, castigos y venganzas como los que estamos sufriendo en los últimos días no podemos menos que pensar que hemos olvidado estos principios básicos en nuestra humanidad. Que se ha dejado de ver al hombre como persona, como un hijo al que Dios ama y busca. Tendremos que recuperar este rostro amoroso de Dios para entender el rostro de cada uno de los hermanos. Que en este día sintamos el abrazo amoroso de Dios Padre que nos ama a pesar de nuestras miserias, pero que también abramos nuestra mente y nuestro corazón para acoger a todos los hermanos como una sola familia.

Padre, concédenos tu perdón

Padre bueno, que nos amas aún cuando somos pecadores, concédenos experimentar la grandeza de tu perdón que nos renueva en lo más íntimo y nos acerca a la mesa para compartir con los hermanos. Amén

 Enrique Díaz Díaz

* Obispo de Irapuato.