La avaricia atrapa al corazón: Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 04 de agosto de 2019

La avaricia atrapa al corazón: Mensaje dominical del Obispo de Irapuato Enrique Díaz. 04 de agosto de 2019

4 agosto, 2019 Desactivado Por Opinión Bajío

04 de agosto de 2019

¡Alerta! ¡La avaricia atrapa el corazón!

XVIII Domingo Tiempo Ordinario (4 de agosto de 2019)

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

REFLEXIONEMOS

El manantial, que durante mucho tiempo había dado vida y frescura a las comunidades, de repente tuvo dueño, quien cerró los cauces, encanaló el agua, la dirigió a sus potreros y a sus campos. Pero, llegaron las torrenciales lluvias que destruyeron todo sembradío. “Ahora sí, dijeron los vecinos, ‘ni para Dios ni para el diablo’. Nosotros no pudimos sembrar por falta de agua y él acabó destruido por la misma agua que con tanta ambición exigió”.

Frente al pesimismo que ofrece el libro del Cohélet en cuanto a las riquezas y el sentido de la vida, asegurándonos que todo es vanidad, aparece el optimismo y seguridad que expresa el hombre rico de la parábola diciéndole a su corazón que la vida le sonríe porque están llenos sus graneros. ¿Expresiones de otro tiempo y de otras culturas? Baste contemplar lo afanados que andamos tras los bienes materiales y las luchas atroces y violentas no sólo de los cárteles, sino de toda persona en su búsqueda ansiosa de seguridad y de poder. Quizás sea uno de los rasgos más llamativos de Jesús, en su predicación, la lucidez con que desenmascara el poder alienante y deshumanizador que puede encerrar la riqueza. El riesgo de quien vive disfrutando de sus bienes, es olvidar su condición de hijo de un Dios Padre y de hermano de todas las personas.

Fuertes reclamos ha lanzado el Papa Francisco no sólo a la sociedad, sino a la Iglesia misma para que no nos esclavicemos ni nos prostremos ante el ídolo de la riqueza. “Hemos creado nuevos ídolos. La antigua veneración del becerro de oro ha tomado una nueva y desalmada forma en el culto al dinero y la dictadura de la economía, que no tiene rostro y carece de una verdadera meta humana”, señaló ante los líderes financieros. De un modo gráfico nos hacía pensar en lo grave de la situación cuando afirmaba que cuando hay crisis financiara se despierta la alarma y los gobiernos se aprestan a rescatar las instituciones económicas, pero cuando a diario miles de personas fallecen de hambre y viven en la miseria, podemos dormir tranquilos, con la conciencia “adormilada”.

Eviten la avaricia

Las graves palabras de Jesús siguen resonando hoy más que nunca: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”. Y es que en todo el Evangelio de Lucas el tema de las riquezas acumuladas, injustas, quema porque siempre aparece en contraposición al reino, como una verdadera idolatría.

En su visita a una favela de Río de Janeiro, el Papa insistía en que la riqueza no está en las cosas sino en el corazón y resaltaba la necesidad de un trabajo serio en búsqueda de la verdadera justicia: Deseo alentar los esfuerzos que la sociedad está haciendo para integrar todas las partes de su cuerpo, incluidas las que más sufren o están necesitadas, a través de la lucha contra el hambre y la miseria. Ningún esfuerzo de “pacificación” será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma. Una sociedad así, simplemente se empobrece a sí misma; más aún, pierde algo que es esencial para ella. Recordémoslo siempre: sólo cuando se es capaz de compartir, llega la verdadera riqueza; todo lo que se comparte se multiplica. La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado, a quien no tiene más que su pobreza”.

PENSEMOS

Jesús no invita al conformismo. Lo primero es la justicia, querida por Dios. Pero puede ocurrir que cuando tengamos lo justo, lo que nos corresponde como hijos y hermanos, ambicionemos más. Esta codicia nunca nos permitirá ya descansar. Normalmente, no hay quien pare ya el dinamismo de la codicia.

Hay que estar alerta. ¿Hasta dónde llegar en la acumulación de bienes? Enriquecerse en Dios es vivir como Jesús: vivir confiados en las manos del Pa­dre, buscar el reino como lo principal, lo demás vendrá por añadidura… enriquecerse en Dios es amasar una única fortuna: la del amor, la de las buenas obras con los más pequeños y desfavorecidos.

¿Cuál es mi actitud frente al dinero? ¿Soy esclavo de las riquezas y de las posesiones? ¿Qué podemos hacer para transformar las estructuras injustas?