La Educación Hoy, la columna de Gabriel Espinoza. 5 de junio de 2019

La Educación Hoy, la columna de Gabriel Espinoza. 5 de junio de 2019

5 junio, 2019 Desactivado Por Opinión Bajío

05 de junio de 2019

La educación hoy

 Gabriel Espinoza Muñoz

 “El legado”

¿Cómo estás?

Más o menos es la respuesta que damos normalmente cuando alguien nos pregunta sobre nuestra situación de vida.

¿En el trabajo? Más o menos.

¿En la familia? Más o menos.

¿De salud? Más o menos.

¿Económicamente? Más o menos.

¿Eres feliz? Más o menos.

El más o menos es un espacio emocional cómodo, donde nos acurrucamos para evitar el ser cuestionados, hasta por nosotros mismos y desde ahí evitamos ser vistos como personas que no se atreven, que no corren riesgos y que por consiguiente, desde ahí justifican su vida llena de logros más menos cumplidos.

Se dice que hay tres cosas que debemos hacer antes de morir: Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo.

Muchos tenemos la fortuna de ser padres, pocos nos hemos dado la oportunidad de plantar un árbol; pero pocos, muy pocos han logrado plasmar sus pensamientos en un libro.

Tal vez rompa con esa frase, pero para un servidor:

Lo valioso no es tener el hijo, lo valioso es tomar de la mano a nuestro hijo, llevarlo paso a paso, acompañar sus sueños, hasta lograr verlo ser una persona de bien.

Lo valioso no es sembrar un árbol, lo valioso es cuidarlo, regarlo, aflojarle la tierra, podarlo, cuidarlo hasta que por su altura y madurez requiera ya pocos cuidados.

Lo valioso no es solo escribir, lo valioso es escribir algo que edifique, que motive, que inspire a los demás.

Como verá querido amigo lector, en los tres casos lo valioso no es el acto en sí, lo valioso es el fruto que producen nuestros actos.

Cada día, usted, yo, cada uno toma decisiones que van formando un legado. Esa imagen que perdurará más allá de su presencia.

Todos, absolutamente todos habremos de dejar un legado. Seremos recordados no por lo que decimos, no por lo que planeamos, seremos recordados por los resultados que obtengamos, por el bien que hagamos, por las vidas que cambiemos, pues “Por los frutos los conoceréis”.

Hace tiempo afirmaba que los maestros construyen para la eternidad.

Un maestro ve frutos a corto plazo en el día a día, en el trabajo cotidiano con alumnos y padres de familia, tareas, conductas, etc.

En otros casos, ven frutos a mediano plazo, por ejemplo cuando ves a un niño que fue tu alumno en primero o segundo y que hoy es reconocido por su desempeño académico, que participa en concursos, que forma parte de los equipos de Olimpiada del Conocimiento o que logra acceder a alguna beca o alternativa educativa gracias a su desempeño. Casos concretos los vemos el día de hoy con los niños que son seleccionados para formar parte de la escuela de talentos, pues no solo es orgullo para el papá, es orgullo también para cada maestro por cuyas manos pasó un alumno brillante.

Un maestro ve también frutos a largo plazo, ver a un exalumno que logra cosas sobresalientes en la vida, seguramente es motivo de orgullo ver a un alumno que es un buen padre o buena madre; que logra éxitos profesionales o reconocimientos públicos.

Por otro lado también está la otra cara de la moneda, vemos vidas con poca vivencia de valores, con poco o nulo sentido de ética, con más vicios que virtudes; ahí también existió la mano de un maestro, de un padre de familia.

Si vivimos más o menos, nos esforzamos más o menos o nos comprometemos más o menos, seguramente los resultados serán más o menos. Y seremos más o menos recordados. Es más, no seremos recordados por nada relevante y olvidados rápidamente.

Hemos asumido el reto de correr riesgos, atrevernos a hacer cosas diferentes, a operar proyectos innovadores y operar modelos educativos diferentes, buscando siempre tener resultados diferentes en bien de nuestros niños y niñas. Y siendo sinceros, algunos funcionan y otros no, pero de todos aprendemos.

En este proceso no todo es miel sobre hojuelas, hay contratiempos, hay crisis, hay obstáculos que se deben vencer. En lo general, hay cosas importantes que se han ido logrando y que seguramente trabajando juntos lograremos muchas más.

Tengo presente lo que hoy decía una persona “Nadie sabe el día ni la hora” y también decía que en función de ello es importante hacer todos los días y a cada momento nuestro mejor esfuerzo, pues podemos dejar muchas alegrías, muchos resultados, muchos amigos o por el contrario; podemos dejar pendientes, pendientes y más pendientes, dejar enemistades y dolor.

Hace tiempo que no escribía esta participación y que agradezco a los amigos de los medios que me permiten compartirla con ustedes, amables lectores, prometo cumplir religiosamente con esta entrega semanal, para no ser “más o menos cumplido”.

Nos vemos en la siguiente entrega.