La Voz del Pastor, mensaje del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 26 de mayo de 2019

La Voz del Pastor, mensaje del obispo de Irapuato Enrique Díaz. 26 de mayo de 2019

26 mayo, 2019 Desactivado Por Opinión Bajío

26 de mayo de 2019

VI domingo de pascua (26 de mayo de 2019)

Reflexión del Evangelio del domingo

Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de Irapuato

REFLEXIONEMOS

Tierno y confidente se nos presenta el ambiente de despedida en el pasaje de este domingo. Jesús está por ser entregado, sus discípulos se dispersarán, unos lo negarán, otro lo traicionará, todos estarán desconcertados y sin embargo Jesús en su despedida les trasmite un mensaje de paz, de armonía y de mucha seguridad. En primer lugar, les manifiesta una experiencia de Dios muy distinta de la que normalmente aparece en el Antiguo Testamento, ahora Jesús anuncia y revela una nueva presencia de Dios muy cercana. El Padre no es un dios lejano, sino que se acerca al hombre y vive con él, formando comunidad con el ser humano, objeto de su amor. “Haremos en él nuestra morada” promete Jesús.

No se tendrá que ir a buscar a la montaña, ni a través de intérpretes y mediadores, sino que hay que dejarse encontrar por Él, descubrir y aceptar su presencia en una relación no de siervo ni de esclavo frente al Señor, sino en una relación de Padre-hijo. Nunca estaremos perdidos en nuestra soledad; en el santuario más inviolable de nuestra intimidad tenemos la compañía del Dios uno y trino. Así que frente a todos los males y negros presagios que se avecinan, Jesús ofrece una nueva experiencia de Dios que animará, fortalecerá y mantendrá en fidelidad a los discípulos.

La paz que Jesús nos ofrece es el don de Dios que garantiza la dignidad y seguridad de todo hombre, su bendición creadora de justicia y de un estado de bienestar material y espiritual. Es lograr un crecimiento integral, un suficiente abasto de alimentos y salud para todos, las relaciones amistosas con Dios y con los hermanos. Es lograr para hombres y mujeres todo aquello de lo que el hombre tiene necesidad tanto en el plano horizontal como el plano vertical. Si nosotros buscamos esa paz que Jesús nos desea, viviremos sin agitación y sin miedo, y construiremos esa nueva humanidad que Dios desea.

En este nuestro mundo donde la violencia se ha adueñado de todos los ámbitos, ¿cómo no tener miedo a los horrores del narcotráfico cuando se ha metido a todos nuestros pueblos y a todas las comunidades? ¿Nos quedaremos cruzados de brazos viendo cómo nuestros jóvenes y hasta los niños se corrompen y se contagian de la ambición del poder, del dinero y del vicio?

Escuchemos la palabra de Jesús, descubramos las verdaderas causas y ataquemos, no con las armas que no sirven prácticamente de nada, sino yendo al fondo de los problemas. Si logramos dar valores y fortaleza de corazón a los niños y a los jóvenes, no caerán en las garras del vicio. Pero si descuidamos su educación y nosotros mismos no somos ejemplo de coherencia y de perseverancia ¡qué fácil caerán los ingenuos jóvenes! Es doloroso escuchar que algunos jóvenes ya no tienen más aspiraciones que entrar a pandillas y cárteles de droga. Tenemos que ofrecer con mayor entusiasmo y coherencia la propuesta de Jesús. La paz nos debe entusiasmar. No tengamos miedo.

El Espíritu viene en nuestra ayuda

No estamos solos en esta tarea de construir la paz. El gran regalo que nos ofrece Jesús en su despedida es el Espíritu Santo. Si pensamos tan sólo en lo que significa la palabra “Paráclito”, descubriremos la gran misión que Él tiene en nuestro corazón: defensor, intercesor, abogado, iluminador, consolador, maestro, protector, constructor y cuidador de la comunidad y de cada uno de sus miembros. Él nos enseña y recuerda lo que ha dicho Jesús, pero también infunde en cada uno de nosotros un dinamismo interior para acogerlo y ponerlo en práctica en nuestra vida diaria. No podemos estar huecos ni vacíos por dentro cuando tenemos el Espíritu Santo.

PENSEMOS

Hoy debemos llenarnos de esperanza, abrirnos a Él y dejarnos conducir por su fuerza. El cristiano es un constructor de la paz bajo el impulso creador y gozoso del Espíritu. ¿Vivimos angustiados y temerosos o nos dejamos guiar por el Espíritu? ¿Buscamos dinámicamente nuevos caminos para educar, alentar y construir? ¿Somos sembradores de esperanza? ¡Dejemos actuar al Espíritu en nuestras vidas!